*********************************************
Alexander mantenía firme
a Daniel subido en sus rodillas. Los suaves y vaporosos gemidos
llenaban la habitación una y otra vez, sonidos cremosos y bajos,
preludios del placer al que el viejo hombre estaba sometiendo a su
amante. Afuera del castillo había una espantosa tormenta, y la
lluvia crepitaba en las ventanas, amortiguando los gemidos de placer
de Daniel, y un relámpago iluminó la estancia brevemente, dejando a
las sombras una deliciosa vista digna de los cielos: el joven y
hermoso moreno de cabello corto estaba completamente desnudo, sudado
y abierto de piernas encima de las rodillas de un sentado Alexander,
acomodado en una silla ricamente decorada que con las telas carmesís,
hacían juego con el mismo jubón del Barón. Las manos de Daniel
habían sido amordazadas con cuerdas y se elevaban por encima de su
cabeza, y Alexander había dispuesto juguetonamente una mano en la
virilidad dura y excitada de Daniel, que acariciaba con determinación
y fuerza hacia arriba y hacia abajo, haciendo que el joven temblase
de absoluto placer. Pero la otra mano restante se posó en la
estrecha y húmeda entrada, la cual era violada con burlas, dos
largos dedos de Alexander entrando y saliendo del agujero, provocando
un humedecimiento tan grande que las ancas de Daniel estaban mojadas,
presas de las gotas que rodaban sin control por toda la anchura de
las piernas, inglés y culo.
Otro rayo, después un
trueno. Y él dio un grito espasmódico, y su Alexander de pelo
blanco acercó los labios a la oreja del cautivo, que mordisqueó con
cuidado con sus dientes: primero el lóbulo, después con la lengua
caliente recorría toda la longitud del castílago para luego, con
uno de los gemidos más profundos y cachondos del Barón, la lengua
estar metida por completo en la cavidad auditiva de un más que
excitado Daniel. La voz del Prusiano fue demasiado suave, demasiado
sedosa, demasiado varonil y tan terriblemente excitante que Daniel
pensó que se corría allí mismo. Pero los dedos de Alexander no
paraban, corrían deprisa en el agujero, retorciéndolos dentro de
los anillos musculares del ano del joven inglés. Eso provocó otro
gemido más fuerte de su preso. El cuerpo se movió bruscamente, y
Alexander pudo notar como todas las células de Daniel estaban
ansiosas por descargar, pero no iba a dejar que eyaculase tan rápido.
Le gustaba tenerlo así, bajo sus brazos como un corderito asustado,
gimiendo y mendigando por una buena corrida.
Alexander: /Daniel estaba
tan irresistible que no podía controlar mi propia erección,
creciendo rápida y dura dentro de los estrechos pantalones. Lo tenía
allí mismo, encima de mi cuerpo. No se daba cuenta, pobre criatura,
de que su culo justo estaba a la altura de mi propia polla, y que
cuanto más profundo metía mis dedos, más se retorcía encima de mi
cuerpo por lo que más placer me brindaba. Entrecerré los ojos y
clavé con fuerza los dientes en su cuello. Oh, criatura, la más
hermosa y sensual entre todos los humanos, que dulce tenerte bajo mi
control...Oyendo con tu afeminada voz gemir mi nombre. No aflojé el
ritmo de la masturbación, deleitándome precisamente en esas cosas
que tanto me gustaban sentir de ti Daniel: tus venas entre mis dedos
palpitando, tu precum en mis dedos que se esparcía por toda la
longitud de tu polla, como tu virilidad se estremecía cuando la
apretaba con fuerza.../ *Daniel... quiero oír tu voz, llamándome,
rogándome...*
Daniel: /Calor, fuego,
lujuria, ondas de electricidad cruzando mi cuerpo con violencia. Eso
era lo único que podía sentir, bajo la atenta mirada dorada de
Alexander, como sus ojos y sentidos se clavaban en mí, vigilando
todo lo que hacía y como me sentía. Le gustaba tenerte amordazado,
atado y bajo su control, lo sabía, y también conocía que eso me
gustaba demasiado. Mi polla se disparaba como una flecha cada vez que
pensaba en mi Barón de Brennenburg utilizándome para sus designios,
para complacer sus más bajos deseos sexuales como si de una puta se
tratase. Sí, era una puta, la puta del Barón, abierta de piernas y
con el agujero violado, con ganas de descargar y correrme en ese
suplicio. Retorcí mi culo hacia arriba y abajo, restregándome por
los pantalones de Alexander, llenándolos de precum y sudor, y su voz
hacía que me fundiese de placer. Dedos, dedos dentro de mi, entrando
profundo, rasgando mi interior, olas de placer tan fuertes que
lloraba. Y tú me pedías que te llamase, entre mis gemidos que
gritase tu nombre... / * A- Ahh!!!! Alexander..... /Él movió más
su mano en mi polla, en esa maturbación tan deliciosa que anulaba
mis sentidos hasta reducirlos solo al sentir placer, el placer más
horrible y tentador. Cuando su mano iba rápido en mi polla, sus
dedos en mi culo se realentizaban, y así me tenía desde hacía
horas, jugueteando con mi cuerpo. Y yo solo podía llorar de tortura,
de dolor, de agonía/ * ¡Alexander! *
Alexander: /Sonreí,
enterrando mi nariz en su suave y aromático pelo. Le empalé sin
previo aviso con dos dedos, clavándolos profundamente, riéndome
ante los gemiditos de suplica que tanto me divertían. Sí, llevaba
horas torturándolo de esa manera, le debían doler las piernas, la
polla, el alma, pero yo no quería dejar que se corriese tan rápido.
Debía aprender a obedecer a su Maestro, en todo lo que le pedía/ *
Shhtt... ¿Es que no te acuerdas de como debes llamarme cuando
estamos solos?. Barón Alexander, niño malcriado. * /No pude evitar
pellizcar por momentos uno de sus pezones, tan fuerte y malvadamente
que no paré de retorcerlo hasta que gritó de dolor/ * Repite
conmigo, Barón Alexander... Y abre más las piernas. Debes aprender
a no tener vergüenza de tu propio cuerpo, Daniel. Debes ser un buen
chico y obedecer en todo lo que tu Barón te diga, ¿entiendes?, en
todo... Si tu Barón te manda callar, callarás. Si tu Barón te
manda comer, comerás. Si tu Barón te manda masturbarte, lo harás.
Si tu Barón te manda chupar, chuparás. Y si te mando correrte, lo
harás.* /Otro apretón en la longitud de su carne viril, y Daniel
pareció entender ya que asistió con la cabeza a toda prisa,
mordiéndose el labio y mirándome con esos ojos llorosos y verdes.
Me gustaba violarle cuando me miraba así, me sentía poderoso. Era
poderoso/
Daniel: *Abrí más las
piernas, hasta que me sentí tan desnudo que jadeé de anticipación.
Mi cuerpo miraba hacia la puerta que permaneció cerrada desde que
empezamos con nuestros malvados juegos, pero seguí rezando para que
ninguno de los sirvientes entrara. Pero a Alexander eso parecía
divertirle, ya que quería que gritase y gimiese para que todo el
castillo me escuchase. Siempre me decía que yo era su puta, su zorra
y que no debía sentirme avergonzado por eso. Cuando mis piernas
estaban tan abiertas que dolían, Alexander sacó los dos dedos de mi
agujero y empezó a golpear mi entrada con golpes secos y constantes,
que sonaban mojados y sucios, tan pecaminosos, tan lujuriosos. *
Ah... mi....mi Barón....Nghhh *Jadeé y cerré los ojos, sintiendo
los dedos de mi Maestro en el glande, jugando con él e
intercambiando pellizcos con caricias rudas. Ladeé mi cabeza, y
algunos cabellos cayeron como cascadas de agua oscura por mi rostro,
tapando la expresión de absoluta devoción y sonrojo. Recorté todo
mi cuerpo encima del amplio pecho de Alexander, estrujando las
muñecas sangrantes por la cuerda áspera* Ah......Por favor.....Por
favor necesito correrme mi Barón, mi Barón.... Ngh ¡Ah!...
Alexander: * No...
Todavía no, debes rogarme un poco más, pon una de esas voces tuyas
* /Fui introduciendo otro dedo, el anular, más profundo, más duro,
más rudo. Entonces, con los otros dos, fui tocando su zona erógena
cerca de la próstata y observé como abría tanto la boca que un
hilo de saliva le recorría el mentón/ * Muy bien, sí, así es...
Estira las piernas, abre esa boca más, un poco más, así así.... *
/Esa vista era mi perdición, tenía las piernas alzadas y estiradas
con su entrada descubierta y desprotegida, perfectamente violada con
mis dedos/ * A pesar de todo este tiempo que he jugado con tu
entrada, aún sigue estando estrecha... * /murmuré, bajando mi voz
un par de tonos, sonando peligrosa y cachonda, sórdidamente
excitante/
Daniel: /Otra
desesperante oleada de placer recubrió mi espina dorsal, dejándome
paralizado. El mundo que me rodeaba estaba borroso por las lágrimas,
y los sentidos habían desaparecido para dejar paso a la bestia, al
salvaje sexual que con solo una orden de Alexander, despertaba de las
tinieblas. Entonces él me pidió que le explicase de quien me
trataba. Temblé, la fuerte mano cerrada en mi virilidad, el semen
subiendo despiadado, amenazando con salir. Otra oleada de placer,
lloraba, gemía, jadeaba, mantenía mi lengua en el aire, fuera de la
boca, chupaba el aire como si fuese la polla de mi Barón/ * Nghaa...
Soy una puta, tu puta, la zorra más cachonda y cerda. M-m...¡Ahh!,
me encanta que me folles, que me violes con tus dedos... ¡Ah!,
¡AAAH!!! *
Alexander:* Y dime, puta, ¿qué es lo
que más deseas en este mundo? * /mis tres dedos no tenían piedad
con el estrecho agujero de Daniel, que se cerraba y abría a causa de
las oleadas de placer. Que cosa tan maravillosa, notar como los
anillos de carne se estrujaban en mis dedos, como ese niño comía
glotón toda la carne que le yo le daba. Lo había convertido en un
maldito pervertido, de chico modoso a zorra sedienta de semen. De mi
semen. Mi erección palpitaba necesitada, y aunque intenté
olvidarla, era prácticamente imposible, pues mi glande mojado mojaba
mis pantalones, y el culo de Daniel frotándose contra mi entrepierna
no ayudaba a que pudiese ignorar mi placer. Pero quería aguantar,
quería ver hasta donde ese niño podía llegar, comprobar si había
amaestrado bien su cuerpo. Con los dos dedos de mi otra mano empecé
a dar vueltas sobre el glande mojado de la polla de Daniel, y comencé
a lamer y morder su cuello, dejando un rastro de moratones y
chupetones en el cuello.
Daniel: /Cerré los ojos y grité/
*Ah...q-quiero...quiero... * /no podía articular palabra, mi lengua
simplemente no podía moverse para hablar, solo moverse como una
serpiente en el aire, imaginando que tenía la dura virilidad de mi
Barón ahogándome por completo. Ya la notaba fresca y
majestuosamente dura entre mis piernas, era tan grande que al estar
sentada encima de ella, me elevaba un poco. Moví las caderas
intencionadamente sobre esa monstruosa pretuberancia, mostrando mis
sedosas y redondas nalgas a la vista depredadora de Alexander.
Alexander: *Mmmm?, ¿qué deseas, mi
gatito? * /Reí suavemente. Ya sabía lo que mi puta deseaba, pero me
gustaba jugar de esa manera con Daniel. Verle tan asustado que el
aniñado cuerpo le temblaba de miedo, clavar mi ambar en el verde
jade de sus estanques, ver como la eyaculación salía disparada,
caliente, sucia y que después la lamiese. / * ¿Vamos a hacer que te
vengas?, ¿Eso deseas?. /Brutalmente, metí un cuarto dedo en su
abierto agujerito, y ahí Daniel perdió el control. Empezó a
negarse, a rogar, a moverse, a expresar que le dolía, su rosa aún
no estaba preparada para soportar tanta presión. Y toqué su
próstata con los cuatro dedos, todos a la vez en la preturberancia,
mientras mi otra mano se movía increíblemente pesada y rápida en
su masturbación. / * Niño pervertido... Mírate, te encanta que te
lo hagan por delante y por detrás... Eres un sucio nubil...
Daniel: * ¡¡¡Ahhhhh, Ah, sí, SÍ!!!
/Mis pies se contrajeron, mi cuerpo se tensó por momentos ante la
mejor y deliciosa onda de electricidad placentera jamás
experimentada. Y allí vino: un espesor blanco, fluido, caliente que
se desparramó por toda la mano de Alexander, mientras mis muñecas
se curvaban, provocando más moratones y sangre en mis muñecas. Pero
ya nada importaba. Fui vencido, humillado, castrado ante la soberbia
de mi amado Barón. Vencido, ya que no pude controlar mi cuerpo
sucumbiendo ante el más maravilloso y terrible orgasmo que mi cuerpo
pudo haber experimentado alguna vez. Humillado ante la presencia de
Alexander, castrado en mente. Pero me corrí, me liberé, me vine
ante el olor a rosas de Damasco de mi Maestro y ante su voz solemne
que susurraba cosas sucias en mi oído. Cerré los ojos y recé
porque nadie entrase en la habitación, pues si alguien lo hubiese
hecho, hubiese presenciado un lujurioso y bello espectáculo: Mi
polla escupiendo largas hileras de semen que fueron cayendo por mi
cuerpo y ropa de Alexander, manchando, corrompiendo. Ya todo daba
igual, quería hacer lo que fuese por mi Barón, lo que fuese. Me
ofrecía a ser torturado si era necesario, pero yo lo necesitaba. No
sé cuanto tiempo estuve gimiendo y gritando, ni tampoco sé cuanto
tiempo duró mi orgasmo, solo sentía el calor en mi cabeza y
lágrimas en los ojos. Y de alguna manera, supe que eso no había
terminado/
Alexander: /Niño egoísta. Claro que
quería correrse, era un inglés malcriado. Me mofé de él, reí
bien alto. Esa visión divina, verle atado bajo mi voluntad, tentado
con mi voz y mis órdenes. En realidad le había enseñado bien: era
capaz de correrse con una sola vibración de mi voz. Fue excitante
notar como la entrada de su culo de caramelo se contraía con locura
entre mis dedos, y cuando los saqué estaban llenos de líquido, que
pasé por mis labios, saboreando tan exquisita miel. Lo que no me
agradó tanto fue su semen manchando mi preciada ropa, eso merecía
un buen castigo. Rompí las ataduras de sus muñecas, y estaban
llenas de sangre. Las acaricié relamiendo mis labios, suavemente con
las yemas de mis dedos, depositando besos y lamidas en ellas.
Entonces, sin previo aviso y sin darle ni un segundo de descanso,
agarré su largo cabello con fuerza, estirando su cabeza. Él gritó
y se quejó, pero lo único que consiguió fue llevarse un bofetón
en las redondas y suaves nalgas. / * Encima que te doy lo que deseas,
tienes la osadía de quejarte.. * / Apreté aún más fuerte el
cabello en mi mano. Me gustaba mucho hacer eso, me ponía muy
cachondo tenerle como un perro maltratado. Era mi mascota, y si
deseaba podía vejarlo o golpearle, según más me apeteciese en el
momento / * ¿Vas a dejar de luchar algún día, Daniel?. Bien,
entonces lame el destrozo que has hecho. * / Le empujé con fuerza y
cayó al suelo como si de una muñeca se tratase/
Daniel: /Cuando caí al suelo y noté
la espalda golpeando contra la fría losa, silbé de dolor. Alexander
no era muy dado a perder el control, pero cuando estaba excitado
podía tratarse de un hombre terrible. Sollocé un poco y me intenté
levantar, pero él volvió a agarrarme del pelo y acercó mi cara a
su entrepierna, enterrándome en ella. Entonces, cuando golpeé mi
nariz en la proturberancia y aspiré su olor viril, supe que no tenía
escapatoria. Había manchado con mi semen los pantalones y chaleco
preferidos de Alexander, con ese mismo semen que aún permanecía en
mis piernas y estómago, producto de la gran arremetida de hacía
solo segundos. Si antes estaba asustado por el placer que derrotaba
mi cuerpo, ahora estaba muerto de miedo por el desconocimiento del
castigo que mi Barón podía provocar sobre mi cuerpo. Levantó la
mano y cuando creía que me golpearía, mi sorpresa fue grata ya que
en cambio me acarició la cabeza con determinación pero también con
algo de dulzura. Alcé la vista y me encontré con sus ojos amarillos
entrecerrados, la boca abierta en una expresión de más que placer:
era auténtica pasión/ * Daniel... limpia lo que has provocado... *
/Cerré los ojos con fuerza y por
segundos en mi rostro se cruzó una expresión de asco, pero en
cambio mi cuerpo me traicionó y primero posé una mano en la pierna
de Alexander, que estaba de pie enfrente mio. Después con el brazo
restante abracé la cintura estrecha de mi Barón, suspirando de
placer. Abrí la boca y saqué la rosada lengua, pasando por todos
esos sitios donde había dejado mi humedad. Cuando eyaculé, había
dejado rastros de mi semen por todos lados del pantalón y chaleco de
Alexander, pero yo fui glotonamente tragándolo todo, comiendo de mi
propia semilla. Su sabor era una mezcla excitante de algo salado y
amargo, y esa situación lo único que consiguió fue que gimiese de
nuevo como una puta, más fuerte cuanto más notaba la sustancia
blanquecina en mi garganta /
Alexander: /La lengua de Daniel se
movía por todos esos rincones donde había desperramado. La notaba
caliente en mi pierna, en la cintura, en mis pies... Mi rostro de
placer me delataba, pero ya no podía esconderme más. Cuando terminó
de tragarse su propia corrida, volví a sentarme en el cómodo
sillón, abriendo las piernas con un gesto sensual. Allí en medio de
mis pantalones, se alzaba mi propia y enorme erección, gritando
sileciosamente por apagar el fuego interior que la consumía. Eché
mi cabeza hacia atrás, acomodándome todavía más en el sillón,
sintiendo como la pasión acrecentaba dentro de mi. Necesitaba de una
vez por todas tener el estrecho agujero de Daniel botando encima de
la polla, agarrar la cintura tan fuerte hasta dejar moratones en
ella, sudar y oír como gime mi nombre como un mantra. Era algo que
solo un viejo pervertido como yo podía desear/ *Daniel... * /mi voz
se entrecortó, ahora era yo el que peligrosamente caía bajo los
encantos de ese niño. / *Vamos, sube, demuéstrame que es lo que
sabes hacer con ese culo tuyo... *
Daniel: /cuando vi al Barón en esa
postura, un golpe como un puñetazo en mi estómago me dejó atontado
de auténtico deleite: Alexander respiraba pesadamente, jadeando y
haciendo deliberadamente o no que su voz sonase cachonda y sexual.
Tenía el pelo largo y blanco, más suave que la seda, donde la luz
se reflejaba en mil partículas. Las manos aferradas con fuerza a los
respaldos del sillón, y esa entrepierna...Esa virilidad, tan grande,
dura y disparada, apuntando hacia el techo, invitándome a que me la
metiese entera. Yo sabía que mi agujero era demasiado estrecho para
eso, que no iba a aguantar tanta carne dentro de mi... Me mordí el
labio. Pero, ¿cómo podía negarme ante la petición de un
vulnerable Alexander?, era raro observar ese hombre tan férreo
cediendo un poco de su control hacia otra persona... Le necesitaba,
me di cuenta. Le necesitaba como el aire o el agua, no podía vivir
sin él. Me acerqué, caminando a cuatro patas por la moqueta hasta
que subí como un gato por el sillón, enfilando mi cuerpo, moviendo
las caderas y el trasero para hipnotizar la mirada de Alexander. Y lo
conseguía, él no quitaba ojo, satisfecho de mi.
Alexander: /Empecé a desabrochar mi
pantalón, primero un botón, luego otro, hasta que la apretada
cárcel se aflojó, y mi enorme polla se desnudó recta y orgulla
ante una mirada atónita de Daniel. Suspiré de placer al ver que una
gota de precum salía de la cabeza de mi virilidad, esparciéndose
por el tronco y yendo a parar al púbis de blancos y rizados vellos.
Era humillante tener que verme de esa forma, bajando la guardia ante
lo que era, un niño comparado con un hombre de mi edad. Daniel era
mi punto débil, los gritos que me concedía de placer junto con esos
ojos llorosos, de un excitante fuego. Lo quería tomar todo para mi,
como el esclavo que era/ * ¿Es cierto que no puedes pasar ni un sólo
día sin mi polla dentro de ti, moviéndose y luchando dentro de tu
culo? * /pregunté con placer, con un dedo me acaricié el glande y
silbé de placer/
Daniel: /me mordí el labio con un
sentimiento más ardiente que el deseo y asentí la cabeza. Bajé mi
cabeza para inhalar esa dulzura de entrepierna. Besé su longitud y
la introducí en mi boca, succionando más de esa fragancia, mezcla
del sabor dulce, las rosas de Damasco y la masculinidad atrapada en
las gotas transparentes de la fragancia de mi Baron. Tragué más
profundo, permitiendo que mi garganta se acostumbrase a la longitud y
anchura de ese monstruo, y entonces sentí que las lágrimas volvían
a salir de las comisuras de mis ojos. No me cabía, me atragantaba,
era demasiado grande. Después, la saqué de mi boca con un sonido
hueco y lamí mis labios y dedos, sin dejar escapar ni una sola gota
de esa amada sustancia. Alexander había observado todo esto con
interés, lo podía ver en el fuego de los ojos crepitando, tan
fuerte que traspasaba el alma. Su olor y postura me volvían locos,
esa expresión en el rostro marcado, mi miembro volvía a estar
erecto... Erguí mi cuerpo y me acomodé entre sus piernas, que abrió
más. Ya no podía aguantarlo más, tenía que empalarme en esa
polla, pero era tan grande, oh, tan grande.../
Alexander: * Bien...Daniel, lo estás
haciendo realmente bien. Eres un buen chico, ¿lo sabes?. * /Un dedo
cayó meloso por toda su clavícula, jugando con el hueso que
sobresalía con dulzura. No podía dejar de mirarle, tan hermoso y
joven, dotado de un cuerpo sensitivo. ¿Cómo podía ser, que con 25
años de su existencia, ningún hombre había catado ese maravilloso
cuerpo?, era pecado no haber tenido a Daniel antes, pero yo era feliz
con el pensamiento de haberle arrebatado la virginidad. Sí, tal vez
otros hombres amaron a Daniel, como ese estúpido idiota de
Herbert...Pero no, él ya no iba a poder volver a mirar a nadie con
los mismos ojos con los que me miraba a mi. Pasé mis manos por su
cintura, acariciando con mis finas manos las formas curvilíneas de
la figura. Siempre tuve el pensamiento de que me recordaba a mi amor,
por eso había caído tan estúpidamente enamorado de él. Era
difícil de asimilar, tanto tiempo sin alguien a mi lado. Pero ya no
estaba solo, no al menos el corto tiempo que iba a pasar en ese
mundo. / * Sube Daniel, enséñame cuanto me amas, cuanto te gusta
correrte conmigo. *
Daniel: /No pude aguantar esa sensación
dentro de mi estómago. Me posé encima de las caderas de Alexander,
abriendo bien las piernas, y cerré mi mano alrededor de su erección.
Estaba realmente cálida, como si de ella brollase un conocido pero
ardiente deseo... Entonces, me mordí el labio inferior y con un
movimiento lento de mis caderas hacia adelante y hacia atrás, fui
arrastrando mi abierto agujero por el prepucio de Alexander, del que
manaban algunas gotas de precum, que parecía no querer cesar. Bajé
el rostro, intentando ocultar mi cara de zorra en placer: labio
inferior mordido, respiraciones agitadas, ojos cerrados y con las
pupilas dilatadas... Alexander mantenía el control sobre mis
caderas, nunca aflojaba, hasta me hacía daño. Pero a mi no me
importaba, es más, me gustaba ese particular dolor que sus dedos
producían al apretar mi carne de la cadera y muslos, quería más, o
sí... más.
Alexander: /Esa visión celestial
estaba haciendo mella en mi pobre voluntad. Tratando de no dejar que
ese niño jugase conmigo, intenté empalarle de una vez por todas,
pero seguía moviendo las caderas con soltura, y mi polla no podía
aguantarlo más. Él gemía y jadeaba, me miraba con un rostro tan
hermoso y excitante que creía correrme allí mismo, por todos los
Orbes... ¿Cómo podía ser alguien tan terriblemente bello?. Sin
poder aguantarlo más, cuando el agujero volvió a rozar mi prepucio,
estiré con fuerza sus caderas hacia abajo, ya por fin entrando
violentamente en él y haciéndole gritar de una forma desgarradora.
Eso lo único que provocó fue que mi miembro se moviese más duro
dentro de él. Pero él no bajó del todo la guardia, seguía
teniendo la polla bien metida en su culo, de cada vez más y más
profunda... Gruñí./ *Bien, ahora es el momento de botar, ¿no
crees, Meine Katze? fick mich Schlampe...
Daniel: *
Ahhh....Es-Está dura..... * /El dolor de la sacudida había sido
especialmente agudo, y aún persistía en mi estómago. No podía
moverme, de verdad que no podía hacerlo, ese palo de carne me
quemaba las entrañas, y aún así me gustaba demasiado. Comencé
moviéndome muy despacio, arriba y abajo, posando mis manos sobre el
pecho de Alexander, aún cubierto por la camisa blanca, sudada. Movía
mi culo primero, arqueando la espalda con un jadeo. Primero empecé
así, con lentitud, notando como mis entrañas se costumbraban a la
forma redondeada de la punta. Era tan grande que empujaba mi
estómago. Cerré los ojos fuertemente, tanto que me hice daño en
los párpados. Me sentía tan débil y sensible que creía que me iba
a desmayar, pero mi Barón me cogió por la barbilla y me obligó a
mirarle, a clavar una fija mirada en él. Me llamaba por nombres
lujuriosos, y soltaba de vez en cuando alguna palabra en alemán...
Él siempre me hacía aprenderme palabras sucias en alemán, le ponía
muy cachondo oírme decir esas cosas. Y a mi me gustaba oir ese rudo
lenguaje salir de su lengua. Mi corazón latía a mil, ya no lo podía
aguantar. Empecé a moverme más y más rápido, y empecé a botar
desesperadamente encima del cuerpo de mi Alexander, mi corazón a
punto de la taquicardia/
Alexander: /Una
cálida sensación envolvió mi polla, recorriendo por todo mi cuerpo
las sacudidas del placer. Clavé mis largas uñas en la carne de su
cadera, y cuanto más profunda se metía ese niño mi polla en su
culo, más arañaba la suave y cremosa piel. Había sangre en mis
dedos y en su cintura, pero no me importaba, solo oía gemirle alto y
claro, sin poder articular ninguna palabra más. Entonces subí mi
mano hasta su boca, y metí sin dificultad dos dedos que violaron la
pequeña y hermosa boca con afán/ *Chupa Daniel.... chupa duro... *
/pero en realidad, la boca de Daniel no chupaba, la boca de Daniel
estaba siendo violada por mi mano entera. Era demasiado para mi
cansado cuerpo, sentir como todos esos anillos del ano de Daniel se
contraían sin cesar alrededor de mi mástil, y notar los gritos de
mi nubil esclavo en mis dedos, atrapándome/
Daniel: ¡¡AAAAHH!!
¡Ahh, Alex..Alexander!!!, nghaaa...No puedo... No puedo!!!* /ardor,
fuego, me quemaba las entrañas. Intenté deshacerme de esa unión,
pensé en correr lejos del calor de Alexander...Pero su polla se
había agarrado fuerte en mi interior, y no podía escapar.
Sinceramente, tampoco quería hacerlo. Cada vez que bajaba mi cuerpo
y me empalaba más en esa estaca húmeda, los ojos se me llenaban de
lágrimas y me quedaba sin aire en los pulmones. Creía por momentos
que esa polla me mataría, me agujerearía, pero en cambio no podía
parar de botar como un condenado encima de la entrepierna de mi viejo
hombre. Y lamía con alevosía los dedos, mi garganta estaba siendo
terroríficamente vejada... Ya nada importaba, solo quería tenerlo
ahí abajo, con una ilusión de control pero que en realidad...Era él
quien me controlaba a mi, llenando sin cesar todos mis agujeros. El
sudor recorría nuestros cuerpos, estabamos cálidos y cachondos...No
podíamos más, y lo notaba en sus ojos...Iba a llegar al orgasmo...y
yo no podía aguantar como me miraba, como lo tenía sometido, con
ese rostro de placer que lo rejuvenecía... Oh Alexander, dame más,
dame más.../
Alexander:
Gh....¡Ah! * /giré mi cabeza e intenté que el pelo me tapase el
rostro, que tenía parcialmente rojo por la vergüenza y la
humillación. Probé a no gemir con todas mis fuerzas, pero Daniel
estaba siendo rápido, y botaba con una fiereza extrema. Y gemía,
lloraba, suplicaba, me lanzaba las miradas más lujuriosas y
apasionadas, abría su boca y me pedía por correrse... Daniel,
maldito seas tú y tu maldita dulzura... / * Tu maldito encanto...
ahh.... ¿qué me has hecho?... * /Me mordí los labios y arqueé la
espalda, buscando más de ese contacto. Y lo obtuve, era como si no
hubiese un fin en sus entrañas, como si me estuviesen retando a que
metiese mi miembro más y más profundo... Mi Daniel lloraba, lloraba
y gritaba, decía cosas contradictorias, se negaba pero después
rezaba por más... /
Daniel: /Había
perdido la cordura por completo. Movía la cabeza de un lado a otro,
como un poseso, gritando con absoluto descontrol, meneando todo mi
tembloroso cuerpo/ ¡Quiero más, más, más, MÁS!! /Alexander dejó
de violar mi boca para concentrarse en mi frágil garganta, que
apretó sin piedad. Yo me encontraba débil, enfermo, y ese choque lo
único que hizo fue hacerme perder la noción del espacio y del
tiempo. La vista se me volvía negra por momentos, y abría la boca
por una bocanada de aire, luchando contra esos dedos estranguladores
y asfixiantes en mi cuello/.
Alexander: * Oh
sí... * /Era maravilloso, el cuerpo retorciéndose, luchando por una
triste bocanada de aire. Así eran los humanos, luchadores, incapaces
de someterse a las fuerzas y entidades superiores a ellos./ * No
luches Daniel, no luches...Confía... aahh... en mí... * /cerré los
ojos, me relamí los labios y solté una risa entrecortada con los
jadeos de placer / * No... no voy a aguantar esto mucho más, mi
pequeño gatito... por eso... ¡ah!... Por eso mismo, necesito oír
de tu boca esas cosas que te enseñé hace tiempo...
Recuerda....sigue conmigo...Daniel, grita conmigo...
… Paint the
man....
Daniel: /Me había
aprendido aquel ritual como un mantra, pero nunca llegué a sospechar
que Alexander disfrutaba de verme en ese estado de
invulnerabilidad...Y diciendo esas cosas. Pero no podía negarme, no
podía decir ''no'' a lo que esa profunda voz me ordenaba...
Alexander, haría lo que fuese por ti... / *… Cut the...Ah!
Cut the lines! * /nunca paré de botar, nunca dejé de follar
al Barón. Nunca dejé de clavarla en mí, nunca./
Alexander: * ...Cut
the flesh...* /Me retorcí en el sillón, ya venía, iba a
irme... faltaba poco... tan poco/
Daniel: *Watch
the blood split... * /Pasé mi ansiosa lengua por mis labios,
lamiendo y limpiando, manteniendo una mirada de zorra sobre
Alexander. Su polla rezumaba, estaba tan a punto de correrse que no
podía aguantar. Entonces acaricié el pecho de Alexander, rozando
los pezones oscuros / * M-Mi Barón...Vamos...¡Vamos!.
Alexander: *...
Let...LET IT COME! * /Una oleada de placer profunda recorrió
todo mi ser, e involuntariamente mi cuerpo comenzó a temblar en
espasmos interminables. Mi polla se puso erguida y dura por última
vez, y escupió copiosamente brotes de semen que se pegaron en las
paredes de Daniel. Ese orgasmo fue agónico, apabullante, lento y
tortuoso, el más delicioso que alguna vez había sentido. Cuando los
segundos pasaron y por fin mi cuerpo fue acostumbrado a esa sensible
sensación húmeda, por fin conseguí abrir los ojos. Y allí estaba
él, había dejado de botar encima mio, pero aún así en esos
límpidos ojos que tanto amaba vi una chispa de curiosidad en ellos.
Suspiré, calmando mi cuerpo, enfriando mi mente.
Daniel se derrumbó
encima de mi, agotado, incapaz de describir todos los extraños
pensamientos que ahora ocuparan su mente. Levantó la cabeza para dar
un corto beso a la mejilla de Alexander, y cerró los ojos, con un
último suspiro en los labios.
Él no lo notó,
pero yo había experimentado con mis propias carnes lo que era una
explosión de Vitae en mi cuerpo. Y era extraño, pues yo no era
humano... ¿Eso significaba, que me estaba convirtiendo poco a poco
en uno?. La idea me inquietó por un instante, y supe que no debía
ser buena idea acostumbrarme a hacer esa clase de cosas con Daniel.
Le arropé en mi
cuerpo, abrazándolo gentilmente. Era estúpido, no podía negar lo
que sentía en esos momentos.






