Rincón Inquisitorial

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sábado, 19 de mayo de 2012

Amnesia yaoi (Daniel/Alexander) ~~ RP

Esto es un RP que he hecho para una amiga :). Espero que os guste. (Soon in english)

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Alexander mantenía firme a Daniel subido en sus rodillas. Los suaves y vaporosos gemidos llenaban la habitación una y otra vez, sonidos cremosos y bajos, preludios del placer al que el viejo hombre estaba sometiendo a su amante. Afuera del castillo había una espantosa tormenta, y la lluvia crepitaba en las ventanas, amortiguando los gemidos de placer de Daniel, y un relámpago iluminó la estancia brevemente, dejando a las sombras una deliciosa vista digna de los cielos: el joven y hermoso moreno de cabello corto estaba completamente desnudo, sudado y abierto de piernas encima de las rodillas de un sentado Alexander, acomodado en una silla ricamente decorada que con las telas carmesís, hacían juego con el mismo jubón del Barón. Las manos de Daniel habían sido amordazadas con cuerdas y se elevaban por encima de su cabeza, y Alexander había dispuesto juguetonamente una mano en la virilidad dura y excitada de Daniel, que acariciaba con determinación y fuerza hacia arriba y hacia abajo, haciendo que el joven temblase de absoluto placer. Pero la otra mano restante se posó en la estrecha y húmeda entrada, la cual era violada con burlas, dos largos dedos de Alexander entrando y saliendo del agujero, provocando un humedecimiento tan grande que las ancas de Daniel estaban mojadas, presas de las gotas que rodaban sin control por toda la anchura de las piernas, inglés y culo.

Otro rayo, después un trueno. Y él dio un grito espasmódico, y su Alexander de pelo blanco acercó los labios a la oreja del cautivo, que mordisqueó con cuidado con sus dientes: primero el lóbulo, después con la lengua caliente recorría toda la longitud del castílago para luego, con uno de los gemidos más profundos y cachondos del Barón, la lengua estar metida por completo en la cavidad auditiva de un más que excitado Daniel. La voz del Prusiano fue demasiado suave, demasiado sedosa, demasiado varonil y tan terriblemente excitante que Daniel pensó que se corría allí mismo. Pero los dedos de Alexander no paraban, corrían deprisa en el agujero, retorciéndolos dentro de los anillos musculares del ano del joven inglés. Eso provocó otro gemido más fuerte de su preso. El cuerpo se movió bruscamente, y Alexander pudo notar como todas las células de Daniel estaban ansiosas por descargar, pero no iba a dejar que eyaculase tan rápido. Le gustaba tenerlo así, bajo sus brazos como un corderito asustado, gimiendo y mendigando por una buena corrida.

Alexander: /Daniel estaba tan irresistible que no podía controlar mi propia erección, creciendo rápida y dura dentro de los estrechos pantalones. Lo tenía allí mismo, encima de mi cuerpo. No se daba cuenta, pobre criatura, de que su culo justo estaba a la altura de mi propia polla, y que cuanto más profundo metía mis dedos, más se retorcía encima de mi cuerpo por lo que más placer me brindaba. Entrecerré los ojos y clavé con fuerza los dientes en su cuello. Oh, criatura, la más hermosa y sensual entre todos los humanos, que dulce tenerte bajo mi control...Oyendo con tu afeminada voz gemir mi nombre. No aflojé el ritmo de la masturbación, deleitándome precisamente en esas cosas que tanto me gustaban sentir de ti Daniel: tus venas entre mis dedos palpitando, tu precum en mis dedos que se esparcía por toda la longitud de tu polla, como tu virilidad se estremecía cuando la apretaba con fuerza.../ *Daniel... quiero oír tu voz, llamándome, rogándome...*

Daniel: /Calor, fuego, lujuria, ondas de electricidad cruzando mi cuerpo con violencia. Eso era lo único que podía sentir, bajo la atenta mirada dorada de Alexander, como sus ojos y sentidos se clavaban en mí, vigilando todo lo que hacía y como me sentía. Le gustaba tenerte amordazado, atado y bajo su control, lo sabía, y también conocía que eso me gustaba demasiado. Mi polla se disparaba como una flecha cada vez que pensaba en mi Barón de Brennenburg utilizándome para sus designios, para complacer sus más bajos deseos sexuales como si de una puta se tratase. Sí, era una puta, la puta del Barón, abierta de piernas y con el agujero violado, con ganas de descargar y correrme en ese suplicio. Retorcí mi culo hacia arriba y abajo, restregándome por los pantalones de Alexander, llenándolos de precum y sudor, y su voz hacía que me fundiese de placer. Dedos, dedos dentro de mi, entrando profundo, rasgando mi interior, olas de placer tan fuertes que lloraba. Y tú me pedías que te llamase, entre mis gemidos que gritase tu nombre... / * A- Ahh!!!! Alexander..... /Él movió más su mano en mi polla, en esa maturbación tan deliciosa que anulaba mis sentidos hasta reducirlos solo al sentir placer, el placer más horrible y tentador. Cuando su mano iba rápido en mi polla, sus dedos en mi culo se realentizaban, y así me tenía desde hacía horas, jugueteando con mi cuerpo. Y yo solo podía llorar de tortura, de dolor, de agonía/ * ¡Alexander! *

Alexander: /Sonreí, enterrando mi nariz en su suave y aromático pelo. Le empalé sin previo aviso con dos dedos, clavándolos profundamente, riéndome ante los gemiditos de suplica que tanto me divertían. Sí, llevaba horas torturándolo de esa manera, le debían doler las piernas, la polla, el alma, pero yo no quería dejar que se corriese tan rápido. Debía aprender a obedecer a su Maestro, en todo lo que le pedía/ * Shhtt... ¿Es que no te acuerdas de como debes llamarme cuando estamos solos?. Barón Alexander, niño malcriado. * /No pude evitar pellizcar por momentos uno de sus pezones, tan fuerte y malvadamente que no paré de retorcerlo hasta que gritó de dolor/ * Repite conmigo, Barón Alexander... Y abre más las piernas. Debes aprender a no tener vergüenza de tu propio cuerpo, Daniel. Debes ser un buen chico y obedecer en todo lo que tu Barón te diga, ¿entiendes?, en todo... Si tu Barón te manda callar, callarás. Si tu Barón te manda comer, comerás. Si tu Barón te manda masturbarte, lo harás. Si tu Barón te manda chupar, chuparás. Y si te mando correrte, lo harás.* /Otro apretón en la longitud de su carne viril, y Daniel pareció entender ya que asistió con la cabeza a toda prisa, mordiéndose el labio y mirándome con esos ojos llorosos y verdes. Me gustaba violarle cuando me miraba así, me sentía poderoso. Era poderoso/

Daniel: *Abrí más las piernas, hasta que me sentí tan desnudo que jadeé de anticipación. Mi cuerpo miraba hacia la puerta que permaneció cerrada desde que empezamos con nuestros malvados juegos, pero seguí rezando para que ninguno de los sirvientes entrara. Pero a Alexander eso parecía divertirle, ya que quería que gritase y gimiese para que todo el castillo me escuchase. Siempre me decía que yo era su puta, su zorra y que no debía sentirme avergonzado por eso. Cuando mis piernas estaban tan abiertas que dolían, Alexander sacó los dos dedos de mi agujero y empezó a golpear mi entrada con golpes secos y constantes, que sonaban mojados y sucios, tan pecaminosos, tan lujuriosos. * Ah... mi....mi Barón....Nghhh *Jadeé y cerré los ojos, sintiendo los dedos de mi Maestro en el glande, jugando con él e intercambiando pellizcos con caricias rudas. Ladeé mi cabeza, y algunos cabellos cayeron como cascadas de agua oscura por mi rostro, tapando la expresión de absoluta devoción y sonrojo. Recorté todo mi cuerpo encima del amplio pecho de Alexander, estrujando las muñecas sangrantes por la cuerda áspera* Ah......Por favor.....Por favor necesito correrme mi Barón, mi Barón.... Ngh ¡Ah!...

Alexander: * No... Todavía no, debes rogarme un poco más, pon una de esas voces tuyas * /Fui introduciendo otro dedo, el anular, más profundo, más duro, más rudo. Entonces, con los otros dos, fui tocando su zona erógena cerca de la próstata y observé como abría tanto la boca que un hilo de saliva le recorría el mentón/ * Muy bien, sí, así es... Estira las piernas, abre esa boca más, un poco más, así así.... * /Esa vista era mi perdición, tenía las piernas alzadas y estiradas con su entrada descubierta y desprotegida, perfectamente violada con mis dedos/ * A pesar de todo este tiempo que he jugado con tu entrada, aún sigue estando estrecha... * /murmuré, bajando mi voz un par de tonos, sonando peligrosa y cachonda, sórdidamente excitante/

Daniel: /Otra desesperante oleada de placer recubrió mi espina dorsal, dejándome paralizado. El mundo que me rodeaba estaba borroso por las lágrimas, y los sentidos habían desaparecido para dejar paso a la bestia, al salvaje sexual que con solo una orden de Alexander, despertaba de las tinieblas. Entonces él me pidió que le explicase de quien me trataba. Temblé, la fuerte mano cerrada en mi virilidad, el semen subiendo despiadado, amenazando con salir. Otra oleada de placer, lloraba, gemía, jadeaba, mantenía mi lengua en el aire, fuera de la boca, chupaba el aire como si fuese la polla de mi Barón/ * Nghaa... Soy una puta, tu puta, la zorra más cachonda y cerda. M-m...¡Ahh!, me encanta que me folles, que me violes con tus dedos... ¡Ah!, ¡AAAH!!! *


Alexander:* Y dime, puta, ¿qué es lo que más deseas en este mundo? * /mis tres dedos no tenían piedad con el estrecho agujero de Daniel, que se cerraba y abría a causa de las oleadas de placer. Que cosa tan maravillosa, notar como los anillos de carne se estrujaban en mis dedos, como ese niño comía glotón toda la carne que le yo le daba. Lo había convertido en un maldito pervertido, de chico modoso a zorra sedienta de semen. De mi semen. Mi erección palpitaba necesitada, y aunque intenté olvidarla, era prácticamente imposible, pues mi glande mojado mojaba mis pantalones, y el culo de Daniel frotándose contra mi entrepierna no ayudaba a que pudiese ignorar mi placer. Pero quería aguantar, quería ver hasta donde ese niño podía llegar, comprobar si había amaestrado bien su cuerpo. Con los dos dedos de mi otra mano empecé a dar vueltas sobre el glande mojado de la polla de Daniel, y comencé a lamer y morder su cuello, dejando un rastro de moratones y chupetones en el cuello.

Daniel: /Cerré los ojos y grité/ *Ah...q-quiero...quiero... * /no podía articular palabra, mi lengua simplemente no podía moverse para hablar, solo moverse como una serpiente en el aire, imaginando que tenía la dura virilidad de mi Barón ahogándome por completo. Ya la notaba fresca y majestuosamente dura entre mis piernas, era tan grande que al estar sentada encima de ella, me elevaba un poco. Moví las caderas intencionadamente sobre esa monstruosa pretuberancia, mostrando mis sedosas y redondas nalgas a la vista depredadora de Alexander.

Alexander: *Mmmm?, ¿qué deseas, mi gatito? * /Reí suavemente. Ya sabía lo que mi puta deseaba, pero me gustaba jugar de esa manera con Daniel. Verle tan asustado que el aniñado cuerpo le temblaba de miedo, clavar mi ambar en el verde jade de sus estanques, ver como la eyaculación salía disparada, caliente, sucia y que después la lamiese. / * ¿Vamos a hacer que te vengas?, ¿Eso deseas?. /Brutalmente, metí un cuarto dedo en su abierto agujerito, y ahí Daniel perdió el control. Empezó a negarse, a rogar, a moverse, a expresar que le dolía, su rosa aún no estaba preparada para soportar tanta presión. Y toqué su próstata con los cuatro dedos, todos a la vez en la preturberancia, mientras mi otra mano se movía increíblemente pesada y rápida en su masturbación. / * Niño pervertido... Mírate, te encanta que te lo hagan por delante y por detrás... Eres un sucio nubil...

Daniel: * ¡¡¡Ahhhhh, Ah, sí, SÍ!!! /Mis pies se contrajeron, mi cuerpo se tensó por momentos ante la mejor y deliciosa onda de electricidad placentera jamás experimentada. Y allí vino: un espesor blanco, fluido, caliente que se desparramó por toda la mano de Alexander, mientras mis muñecas se curvaban, provocando más moratones y sangre en mis muñecas. Pero ya nada importaba. Fui vencido, humillado, castrado ante la soberbia de mi amado Barón. Vencido, ya que no pude controlar mi cuerpo sucumbiendo ante el más maravilloso y terrible orgasmo que mi cuerpo pudo haber experimentado alguna vez. Humillado ante la presencia de Alexander, castrado en mente. Pero me corrí, me liberé, me vine ante el olor a rosas de Damasco de mi Maestro y ante su voz solemne que susurraba cosas sucias en mi oído. Cerré los ojos y recé porque nadie entrase en la habitación, pues si alguien lo hubiese hecho, hubiese presenciado un lujurioso y bello espectáculo: Mi polla escupiendo largas hileras de semen que fueron cayendo por mi cuerpo y ropa de Alexander, manchando, corrompiendo. Ya todo daba igual, quería hacer lo que fuese por mi Barón, lo que fuese. Me ofrecía a ser torturado si era necesario, pero yo lo necesitaba. No sé cuanto tiempo estuve gimiendo y gritando, ni tampoco sé cuanto tiempo duró mi orgasmo, solo sentía el calor en mi cabeza y lágrimas en los ojos. Y de alguna manera, supe que eso no había terminado/

Alexander: /Niño egoísta. Claro que quería correrse, era un inglés malcriado. Me mofé de él, reí bien alto. Esa visión divina, verle atado bajo mi voluntad, tentado con mi voz y mis órdenes. En realidad le había enseñado bien: era capaz de correrse con una sola vibración de mi voz. Fue excitante notar como la entrada de su culo de caramelo se contraía con locura entre mis dedos, y cuando los saqué estaban llenos de líquido, que pasé por mis labios, saboreando tan exquisita miel. Lo que no me agradó tanto fue su semen manchando mi preciada ropa, eso merecía un buen castigo. Rompí las ataduras de sus muñecas, y estaban llenas de sangre. Las acaricié relamiendo mis labios, suavemente con las yemas de mis dedos, depositando besos y lamidas en ellas. Entonces, sin previo aviso y sin darle ni un segundo de descanso, agarré su largo cabello con fuerza, estirando su cabeza. Él gritó y se quejó, pero lo único que consiguió fue llevarse un bofetón en las redondas y suaves nalgas. / * Encima que te doy lo que deseas, tienes la osadía de quejarte.. * / Apreté aún más fuerte el cabello en mi mano. Me gustaba mucho hacer eso, me ponía muy cachondo tenerle como un perro maltratado. Era mi mascota, y si deseaba podía vejarlo o golpearle, según más me apeteciese en el momento / * ¿Vas a dejar de luchar algún día, Daniel?. Bien, entonces lame el destrozo que has hecho. * / Le empujé con fuerza y cayó al suelo como si de una muñeca se tratase/

Daniel: /Cuando caí al suelo y noté la espalda golpeando contra la fría losa, silbé de dolor. Alexander no era muy dado a perder el control, pero cuando estaba excitado podía tratarse de un hombre terrible. Sollocé un poco y me intenté levantar, pero él volvió a agarrarme del pelo y acercó mi cara a su entrepierna, enterrándome en ella. Entonces, cuando golpeé mi nariz en la proturberancia y aspiré su olor viril, supe que no tenía escapatoria. Había manchado con mi semen los pantalones y chaleco preferidos de Alexander, con ese mismo semen que aún permanecía en mis piernas y estómago, producto de la gran arremetida de hacía solo segundos. Si antes estaba asustado por el placer que derrotaba mi cuerpo, ahora estaba muerto de miedo por el desconocimiento del castigo que mi Barón podía provocar sobre mi cuerpo. Levantó la mano y cuando creía que me golpearía, mi sorpresa fue grata ya que en cambio me acarició la cabeza con determinación pero también con algo de dulzura. Alcé la vista y me encontré con sus ojos amarillos entrecerrados, la boca abierta en una expresión de más que placer: era auténtica pasión/ * Daniel... limpia lo que has provocado... *

/Cerré los ojos con fuerza y por segundos en mi rostro se cruzó una expresión de asco, pero en cambio mi cuerpo me traicionó y primero posé una mano en la pierna de Alexander, que estaba de pie enfrente mio. Después con el brazo restante abracé la cintura estrecha de mi Barón, suspirando de placer. Abrí la boca y saqué la rosada lengua, pasando por todos esos sitios donde había dejado mi humedad. Cuando eyaculé, había dejado rastros de mi semen por todos lados del pantalón y chaleco de Alexander, pero yo fui glotonamente tragándolo todo, comiendo de mi propia semilla. Su sabor era una mezcla excitante de algo salado y amargo, y esa situación lo único que consiguió fue que gimiese de nuevo como una puta, más fuerte cuanto más notaba la sustancia blanquecina en mi garganta /

Alexander: /La lengua de Daniel se movía por todos esos rincones donde había desperramado. La notaba caliente en mi pierna, en la cintura, en mis pies... Mi rostro de placer me delataba, pero ya no podía esconderme más. Cuando terminó de tragarse su propia corrida, volví a sentarme en el cómodo sillón, abriendo las piernas con un gesto sensual. Allí en medio de mis pantalones, se alzaba mi propia y enorme erección, gritando sileciosamente por apagar el fuego interior que la consumía. Eché mi cabeza hacia atrás, acomodándome todavía más en el sillón, sintiendo como la pasión acrecentaba dentro de mi. Necesitaba de una vez por todas tener el estrecho agujero de Daniel botando encima de la polla, agarrar la cintura tan fuerte hasta dejar moratones en ella, sudar y oír como gime mi nombre como un mantra. Era algo que solo un viejo pervertido como yo podía desear/ *Daniel... * /mi voz se entrecortó, ahora era yo el que peligrosamente caía bajo los encantos de ese niño. / *Vamos, sube, demuéstrame que es lo que sabes hacer con ese culo tuyo... *

Daniel: /cuando vi al Barón en esa postura, un golpe como un puñetazo en mi estómago me dejó atontado de auténtico deleite: Alexander respiraba pesadamente, jadeando y haciendo deliberadamente o no que su voz sonase cachonda y sexual. Tenía el pelo largo y blanco, más suave que la seda, donde la luz se reflejaba en mil partículas. Las manos aferradas con fuerza a los respaldos del sillón, y esa entrepierna...Esa virilidad, tan grande, dura y disparada, apuntando hacia el techo, invitándome a que me la metiese entera. Yo sabía que mi agujero era demasiado estrecho para eso, que no iba a aguantar tanta carne dentro de mi... Me mordí el labio. Pero, ¿cómo podía negarme ante la petición de un vulnerable Alexander?, era raro observar ese hombre tan férreo cediendo un poco de su control hacia otra persona... Le necesitaba, me di cuenta. Le necesitaba como el aire o el agua, no podía vivir sin él. Me acerqué, caminando a cuatro patas por la moqueta hasta que subí como un gato por el sillón, enfilando mi cuerpo, moviendo las caderas y el trasero para hipnotizar la mirada de Alexander. Y lo conseguía, él no quitaba ojo, satisfecho de mi.

Alexander: /Empecé a desabrochar mi pantalón, primero un botón, luego otro, hasta que la apretada cárcel se aflojó, y mi enorme polla se desnudó recta y orgulla ante una mirada atónita de Daniel. Suspiré de placer al ver que una gota de precum salía de la cabeza de mi virilidad, esparciéndose por el tronco y yendo a parar al púbis de blancos y rizados vellos. Era humillante tener que verme de esa forma, bajando la guardia ante lo que era, un niño comparado con un hombre de mi edad. Daniel era mi punto débil, los gritos que me concedía de placer junto con esos ojos llorosos, de un excitante fuego. Lo quería tomar todo para mi, como el esclavo que era/ * ¿Es cierto que no puedes pasar ni un sólo día sin mi polla dentro de ti, moviéndose y luchando dentro de tu culo? * /pregunté con placer, con un dedo me acaricié el glande y silbé de placer/

Daniel: /me mordí el labio con un sentimiento más ardiente que el deseo y asentí la cabeza. Bajé mi cabeza para inhalar esa dulzura de entrepierna. Besé su longitud y la introducí en mi boca, succionando más de esa fragancia, mezcla del sabor dulce, las rosas de Damasco y la masculinidad atrapada en las gotas transparentes de la fragancia de mi Baron. Tragué más profundo, permitiendo que mi garganta se acostumbrase a la longitud y anchura de ese monstruo, y entonces sentí que las lágrimas volvían a salir de las comisuras de mis ojos. No me cabía, me atragantaba, era demasiado grande. Después, la saqué de mi boca con un sonido hueco y lamí mis labios y dedos, sin dejar escapar ni una sola gota de esa amada sustancia. Alexander había observado todo esto con interés, lo podía ver en el fuego de los ojos crepitando, tan fuerte que traspasaba el alma. Su olor y postura me volvían locos, esa expresión en el rostro marcado, mi miembro volvía a estar erecto... Erguí mi cuerpo y me acomodé entre sus piernas, que abrió más. Ya no podía aguantarlo más, tenía que empalarme en esa polla, pero era tan grande, oh, tan grande.../

Alexander: * Bien...Daniel, lo estás haciendo realmente bien. Eres un buen chico, ¿lo sabes?. * /Un dedo cayó meloso por toda su clavícula, jugando con el hueso que sobresalía con dulzura. No podía dejar de mirarle, tan hermoso y joven, dotado de un cuerpo sensitivo. ¿Cómo podía ser, que con 25 años de su existencia, ningún hombre había catado ese maravilloso cuerpo?, era pecado no haber tenido a Daniel antes, pero yo era feliz con el pensamiento de haberle arrebatado la virginidad. Sí, tal vez otros hombres amaron a Daniel, como ese estúpido idiota de Herbert...Pero no, él ya no iba a poder volver a mirar a nadie con los mismos ojos con los que me miraba a mi. Pasé mis manos por su cintura, acariciando con mis finas manos las formas curvilíneas de la figura. Siempre tuve el pensamiento de que me recordaba a mi amor, por eso había caído tan estúpidamente enamorado de él. Era difícil de asimilar, tanto tiempo sin alguien a mi lado. Pero ya no estaba solo, no al menos el corto tiempo que iba a pasar en ese mundo. / * Sube Daniel, enséñame cuanto me amas, cuanto te gusta correrte conmigo. *

Daniel: /No pude aguantar esa sensación dentro de mi estómago. Me posé encima de las caderas de Alexander, abriendo bien las piernas, y cerré mi mano alrededor de su erección. Estaba realmente cálida, como si de ella brollase un conocido pero ardiente deseo... Entonces, me mordí el labio inferior y con un movimiento lento de mis caderas hacia adelante y hacia atrás, fui arrastrando mi abierto agujero por el prepucio de Alexander, del que manaban algunas gotas de precum, que parecía no querer cesar. Bajé el rostro, intentando ocultar mi cara de zorra en placer: labio inferior mordido, respiraciones agitadas, ojos cerrados y con las pupilas dilatadas... Alexander mantenía el control sobre mis caderas, nunca aflojaba, hasta me hacía daño. Pero a mi no me importaba, es más, me gustaba ese particular dolor que sus dedos producían al apretar mi carne de la cadera y muslos, quería más, o sí... más.

Alexander: /Esa visión celestial estaba haciendo mella en mi pobre voluntad. Tratando de no dejar que ese niño jugase conmigo, intenté empalarle de una vez por todas, pero seguía moviendo las caderas con soltura, y mi polla no podía aguantarlo más. Él gemía y jadeaba, me miraba con un rostro tan hermoso y excitante que creía correrme allí mismo, por todos los Orbes... ¿Cómo podía ser alguien tan terriblemente bello?. Sin poder aguantarlo más, cuando el agujero volvió a rozar mi prepucio, estiré con fuerza sus caderas hacia abajo, ya por fin entrando violentamente en él y haciéndole gritar de una forma desgarradora. Eso lo único que provocó fue que mi miembro se moviese más duro dentro de él. Pero él no bajó del todo la guardia, seguía teniendo la polla bien metida en su culo, de cada vez más y más profunda... Gruñí./ *Bien, ahora es el momento de botar, ¿no crees, Meine Katze? fick mich Schlampe...

Daniel: * Ahhh....Es-Está dura..... * /El dolor de la sacudida había sido especialmente agudo, y aún persistía en mi estómago. No podía moverme, de verdad que no podía hacerlo, ese palo de carne me quemaba las entrañas, y aún así me gustaba demasiado. Comencé moviéndome muy despacio, arriba y abajo, posando mis manos sobre el pecho de Alexander, aún cubierto por la camisa blanca, sudada. Movía mi culo primero, arqueando la espalda con un jadeo. Primero empecé así, con lentitud, notando como mis entrañas se costumbraban a la forma redondeada de la punta. Era tan grande que empujaba mi estómago. Cerré los ojos fuertemente, tanto que me hice daño en los párpados. Me sentía tan débil y sensible que creía que me iba a desmayar, pero mi Barón me cogió por la barbilla y me obligó a mirarle, a clavar una fija mirada en él. Me llamaba por nombres lujuriosos, y soltaba de vez en cuando alguna palabra en alemán... Él siempre me hacía aprenderme palabras sucias en alemán, le ponía muy cachondo oírme decir esas cosas. Y a mi me gustaba oir ese rudo lenguaje salir de su lengua. Mi corazón latía a mil, ya no lo podía aguantar. Empecé a moverme más y más rápido, y empecé a botar desesperadamente encima del cuerpo de mi Alexander, mi corazón a punto de la taquicardia/

Alexander: /Una cálida sensación envolvió mi polla, recorriendo por todo mi cuerpo las sacudidas del placer. Clavé mis largas uñas en la carne de su cadera, y cuanto más profunda se metía ese niño mi polla en su culo, más arañaba la suave y cremosa piel. Había sangre en mis dedos y en su cintura, pero no me importaba, solo oía gemirle alto y claro, sin poder articular ninguna palabra más. Entonces subí mi mano hasta su boca, y metí sin dificultad dos dedos que violaron la pequeña y hermosa boca con afán/ *Chupa Daniel.... chupa duro... * /pero en realidad, la boca de Daniel no chupaba, la boca de Daniel estaba siendo violada por mi mano entera. Era demasiado para mi cansado cuerpo, sentir como todos esos anillos del ano de Daniel se contraían sin cesar alrededor de mi mástil, y notar los gritos de mi nubil esclavo en mis dedos, atrapándome/

Daniel: ¡¡AAAAHH!! ¡Ahh, Alex..Alexander!!!, nghaaa...No puedo... No puedo!!!* /ardor, fuego, me quemaba las entrañas. Intenté deshacerme de esa unión, pensé en correr lejos del calor de Alexander...Pero su polla se había agarrado fuerte en mi interior, y no podía escapar. Sinceramente, tampoco quería hacerlo. Cada vez que bajaba mi cuerpo y me empalaba más en esa estaca húmeda, los ojos se me llenaban de lágrimas y me quedaba sin aire en los pulmones. Creía por momentos que esa polla me mataría, me agujerearía, pero en cambio no podía parar de botar como un condenado encima de la entrepierna de mi viejo hombre. Y lamía con alevosía los dedos, mi garganta estaba siendo terroríficamente vejada... Ya nada importaba, solo quería tenerlo ahí abajo, con una ilusión de control pero que en realidad...Era él quien me controlaba a mi, llenando sin cesar todos mis agujeros. El sudor recorría nuestros cuerpos, estabamos cálidos y cachondos...No podíamos más, y lo notaba en sus ojos...Iba a llegar al orgasmo...y yo no podía aguantar como me miraba, como lo tenía sometido, con ese rostro de placer que lo rejuvenecía... Oh Alexander, dame más, dame más.../


Alexander: Gh....¡Ah! * /giré mi cabeza e intenté que el pelo me tapase el rostro, que tenía parcialmente rojo por la vergüenza y la humillación. Probé a no gemir con todas mis fuerzas, pero Daniel estaba siendo rápido, y botaba con una fiereza extrema. Y gemía, lloraba, suplicaba, me lanzaba las miradas más lujuriosas y apasionadas, abría su boca y me pedía por correrse... Daniel, maldito seas tú y tu maldita dulzura... / * Tu maldito encanto... ahh.... ¿qué me has hecho?... * /Me mordí los labios y arqueé la espalda, buscando más de ese contacto. Y lo obtuve, era como si no hubiese un fin en sus entrañas, como si me estuviesen retando a que metiese mi miembro más y más profundo... Mi Daniel lloraba, lloraba y gritaba, decía cosas contradictorias, se negaba pero después rezaba por más... /

Daniel: /Había perdido la cordura por completo. Movía la cabeza de un lado a otro, como un poseso, gritando con absoluto descontrol, meneando todo mi tembloroso cuerpo/ ¡Quiero más, más, más, MÁS!! /Alexander dejó de violar mi boca para concentrarse en mi frágil garganta, que apretó sin piedad. Yo me encontraba débil, enfermo, y ese choque lo único que hizo fue hacerme perder la noción del espacio y del tiempo. La vista se me volvía negra por momentos, y abría la boca por una bocanada de aire, luchando contra esos dedos estranguladores y asfixiantes en mi cuello/.

Alexander: * Oh sí... * /Era maravilloso, el cuerpo retorciéndose, luchando por una triste bocanada de aire. Así eran los humanos, luchadores, incapaces de someterse a las fuerzas y entidades superiores a ellos./ * No luches Daniel, no luches...Confía... aahh... en mí... * /cerré los ojos, me relamí los labios y solté una risa entrecortada con los jadeos de placer / * No... no voy a aguantar esto mucho más, mi pequeño gatito... por eso... ¡ah!... Por eso mismo, necesito oír de tu boca esas cosas que te enseñé hace tiempo... Recuerda....sigue conmigo...Daniel, grita conmigo...

Paint the man....

Daniel: /Me había aprendido aquel ritual como un mantra, pero nunca llegué a sospechar que Alexander disfrutaba de verme en ese estado de invulnerabilidad...Y diciendo esas cosas. Pero no podía negarme, no podía decir ''no'' a lo que esa profunda voz me ordenaba... Alexander, haría lo que fuese por ti... / *… Cut the...Ah! Cut the lines! * /nunca paré de botar, nunca dejé de follar al Barón. Nunca dejé de clavarla en mí, nunca./

Alexander: * ...Cut the flesh...* /Me retorcí en el sillón, ya venía, iba a irme... faltaba poco... tan poco/

Daniel: *Watch the blood split... * /Pasé mi ansiosa lengua por mis labios, lamiendo y limpiando, manteniendo una mirada de zorra sobre Alexander. Su polla rezumaba, estaba tan a punto de correrse que no podía aguantar. Entonces acaricié el pecho de Alexander, rozando los pezones oscuros / * M-Mi Barón...Vamos...¡Vamos!.

Alexander: *... Let...LET IT COME! * /Una oleada de placer profunda recorrió todo mi ser, e involuntariamente mi cuerpo comenzó a temblar en espasmos interminables. Mi polla se puso erguida y dura por última vez, y escupió copiosamente brotes de semen que se pegaron en las paredes de Daniel. Ese orgasmo fue agónico, apabullante, lento y tortuoso, el más delicioso que alguna vez había sentido. Cuando los segundos pasaron y por fin mi cuerpo fue acostumbrado a esa sensible sensación húmeda, por fin conseguí abrir los ojos. Y allí estaba él, había dejado de botar encima mio, pero aún así en esos límpidos ojos que tanto amaba vi una chispa de curiosidad en ellos. Suspiré, calmando mi cuerpo, enfriando mi mente.

Daniel se derrumbó encima de mi, agotado, incapaz de describir todos los extraños pensamientos que ahora ocuparan su mente. Levantó la cabeza para dar un corto beso a la mejilla de Alexander, y cerró los ojos, con un último suspiro en los labios.

Él no lo notó, pero yo había experimentado con mis propias carnes lo que era una explosión de Vitae en mi cuerpo. Y era extraño, pues yo no era humano... ¿Eso significaba, que me estaba convirtiendo poco a poco en uno?. La idea me inquietó por un instante, y supe que no debía ser buena idea acostumbrarme a hacer esa clase de cosas con Daniel.

Le arropé en mi cuerpo, abrazándolo gentilmente. Era estúpido, no podía negar lo que sentía en esos momentos.



domingo, 6 de mayo de 2012

Vampire!Alexander/Daniel ~~ Escrito por Nahuel

Algo que escribió mi novio para mi y una amiga :).

Amnesia yaoi en plan vampírico jejeje. Arte por: RL-3

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Sangre. Ese sabor metálico mezclado con el sensual aroma del cuerpo masculino. El hormigueo en la boca del estómago al anticipar la explosión de sensaciones que se tienen al paladear la ambrosía de la vida, al imaginar tan preciado elixir descendiendo lentamente por la garganta de ese hombre, mientras su pulso de desboca, su espalda se arquea instintivamente ofreciendo la garganta, ofreciéndose. La emoción, la  excitación y el calor pecaminoso que recorre su cuerpo entero al sentir apenas la punzada de los afilados colmillos camuflada entre las más dulces palabras. Y aunque es consciente del halo de peligro, aun cuando, profundamente, su mente le ha advertido del peligro que le rodea , su cuerpo traidor reacciona indecentemente a ese efecto que es tan real como fascinante, deshaciendo su voluntad. Las ganas de huir son rápidamente sustituidas por el deseo de dejarse llevar, de entregarse y caer muy hondo, rendido a la suave presión del frío cuerpo delgado de aquel hombre mayor, cuyo roce liberador le llevaría donde nunca antes había estado.

Los latidos del corazón se convierten pues en una seductora sinfonía, donde las dulces palabras vertidas al oído prometiendo placeres prohibidos se confunden con el tiempo entre un latido y el siguiente, entre una respiración y la otra, con los momentos que gentilmente silencian las dudas en el misterio y lo desconocido haciendo posible  que las sensaciones sean cada vez más intensas y elevadas, los anhelos más profundos e íntimos. Entonces sobreviene ese momento, justo antes de atravesar su cuello suavemente, en el que puedes sentir su excitación abriéndose paso en su interior, y te preguntas cuál será su sabor, cuáles su textura y su aroma.


El viento respiraba frío a través de las amplias estancias desnudas del castillo. Transportaba en sus alas el aullido de los lobos, tan próximo y penetrante que daba la sensación de que caminaban libremente por los lúgubres corredores. Pero a excepción del comedor en el que se encontraban el Vampiro y sus réprobos lacayos, el castillo estaba vacío. Hacía tiempo que los únicos habitantes eran los recuerdos, tantísimos y tan intensos que formaban parte del lugar como podían hacerlo los muebles o las propias paredes; en la suave penumbra las memorias de los días ya pasados se amontonaban como el polvo, y las sombras habían estrangulado lentamente la belleza, la paz y el consuelo que una vez llegó a animarlo y a calentarlo como lo hiciera el sol.

Esa sensación de dolorosa pero dulce nostalgia se volvía más evidente en el ala donde se encontraban las habitaciones. Él no permitía que esas puertas se abrieran; pero a veces Alexander se quedaba mirando fijamente el grueso y oscuro roble de la puerta como si pudiera traspasarlo con los ojos, recordando a quienes descansaron sus cuerpos en las camas suaves y sus cabezas en las almohadas mullidas, imaginando el modo en el que sus rizos de oro se esparcían sobre la tela blanca, enmarcando un rostro perfecto. Esas habitaciones se conservaban hoy en día tal cual lucieran entonces, con un aire más cómodo que el resto del lugar, imbuídos de la suave tranquilidad propia del cuarto de un joven mozo de espíritu jovial, donde habían soñado sentados en el borde de la cama y habían vivido sus vidas entristecidos o alegres de amor.

Conservaban todavía las cortinas y los doseles, los perfumes embotellados e incluso las cartas que escribieron pero que nunca tuvieron la oportunidad de enviar: en cierto modo, aún conservaban a quienes las habitaron. Y si Él mantenía esas puertas siempre cerradas era en parte para que nada de ese recuerdo se dispersase arrastrado por el inclemente viento de esta parte del mundo.

Desde la ventana sin cristal del castillo el Vampiro escuchaba atento los sonidos de la noche; era capaz de percibir los latidos de un corazón a mucha distancia. Cerró los ojos, descartando el grosero latido de los grunts y concentrándose en el suave ritmo del corazón masculino que anhelaba. Luego fue seleccionando una cadencia concreta, un pulso calmado y sereno. Bum.bum. Bum-bum, bum-bum. Se centró en este sonido hasta que se volvió parte de él, resonando en su interior, vibrando como un eco contenido en su pecho.

El modo en el que percibía la sangre bombeada en el cuerpo adormilado hizo posible que pudiese dibujar en su mente cómo era y dónde estaba, qué hacía: alto, esbelto, delgado, imaginó el cuerpo joven tendido en la cama, desnudo y apenas cubierto por la suave sábana. El pecho le subía y bajaba en un ritmo constante, perfecto. Se estaba quedando dormido lentamente, alejándose de las preocupaciones que ocupaban su cabeza por el día, penetrando más y más en el mundo de los sueños.

Conocía perfectamente el cuerpo de Daniel, y sin embargo no se cansaba de imaginarlo en su mente, de dibujar cada forma y cada curva, cada aspecto de ese joven varón que dormía en la habitación de invitados, tan próximo al cálido fuego.

Alexander, debía reconocerlo, encontraba un placer sádico en que Daniel no tuviera una habitación propia: no deseaba que se sintiera cómodo en ninguna habitación salvo en la del anciano Barón, pues era consciente de las pesadillas que a menudo asaltaban al joven mancebo...pero no esta noche.

Daniel dormía plácidamente. El calor de la chimenea combatía el frío natural del castillo, un calor dulce y constante que hacía que unas gotas de sudor rutilasen sobre el pecho desnudo del joven Daniel. Las sábanas cubrían su cintura y su pierna izquierda, amoldándose a su cuerpo perfectamente, dibujando sus atributos que se percibían vagamente por debajo de la tela.

Ahí estaba Alexander, observando sin pudor lo que se escondía por debajo de la sábana. Pensó en retirarla, en centrarse en la masculinidad pura de Daniel, en despertar y darle uso a su eréctil virilidad. Mas he aquí que Daniel estiró los brazos sobre la cabeza, y su cuerpo cambió de postura captando la atención del perverso Alexander, que cada vez tenía más claro lo que consiguiría hoy de Daniel.

Se acercó, despacio. Se inclinó, apoyando una mano en la almohada, aprisionando al joven bajo su cuerpo. Daniel estaba frío, y Alexander caliente. Una mano anciana giró el rostro del joven, dejando al descubierto el delicado cuello. Le agarró suavemente desde la mandíbula, moviendo el rostro perfecto del bello joven. Daniel se movió en sueños, como si su cuerpo percibiera insconscientemente lo que él no terminaba de comprender. Su sangre fluía más cálida que antes, atribulando sus mejillas con un rosor casi infantil. Dio un respingo cuando la fría mano del Barón recorrió su abdomen, deteníendose a la altura del ombligo: estaba fría, pero era agradable. Y las suaves uñas de la anciana criatura, excitantes.

Se estaba despertando. Y eso era algo que Alexander aguardaba con deseo. El joven se movía cada vez más; su temperatura iba en aumento, su corazón palpitaba más y más fuerte bum-bum ...bum-bum ...estaba a punto de ocurrir. Ese era el mejor momento para disfrutar de la dulce sangre de un humano, pensaba Alexander, pues la sangre fluía cálida y veloz por las dilatadas venas ensanchadas por la excitación, llenas por la sangre que las volvía poderosas y firmes y deseables...
Los colmillos penetraron sin dificultad; Daniel dejó escapar un quejido leve junto al oído de Alexander, que todavía le sostenía por la barbilla con dulce mano de hierro. La sangre brotó libremente, despacio en un principio, tan cálida que resultaba perfecta, más veloz y libre después, indómita. Fue entonces cuando Daniel luchó, pues el pánico se apoderó de él. Pero Alexander le aferró con fuerza, aprentando violentamente el rostro de Daniel contra la almohada, dejánsose llevar por su primitivo instinto de saciar su sangre. Atrapó con la otra mano los brazos del joven por encima de la cabeza, inmovilizándolo y dejándolo rendido a su merced.

Daniel gritó, pero era tan placentero lo que sentía por todo su cuerpo que acabó por rendirse, y suplicar por más y más. Estaba excitado, se notaba duro y mojado bajo las sábanas que ocultaban su erección. Alenxander le había cogido con fuerza por los sudorosos cabellos, y le estaba succionando la vida y la voluntad, pues si no no se explicaba por qué sentía ese profundo deseo de rendirse ante Alexander a pesar de las terribles consecuencias: sabía que así perdería la vida...pero no importaba si aquello complacía a Alexander.

-Por...favor – susurró, sin tener claro lo que le estaba suplicando.

Era simplemente delicioso, Daniel entregado a él una vez más, excitado más allá de la razón, rogándole que le quitara toda la sangre de su cuerpo joven para deleite propio...la sensación de poseer profundamente a otra persona, de tener el control sobre él, sobre su vida y sobre su muerte, tan ansioso de complacerle que se dejaría matar. Liberó las manos de Daniel, sabiendo que no trataría de liberarse, sabiendo lo que haría Daniel con las manos de nuevo libres.

Y siguió succionando su sangre y agarrándole por el cabello mientras Daniel se masturbaba, llevado por un frenesí desconocido anteriormente, mareado por la falta de sangre que parecía estar toda en su dura polla, y cuanto más fuerte y rápido se masturbaba Daniel más y más sangre le robaba Alexander, y con más fuerza y rabia le clavaba los colmillos, atravesando la fina piel como si fuera de papel.

Y poco antes de que Daniel muriera desangrado, poco antes de que las oleadas de placer esparciesen su mente, Alexander dejó el frágil cuello del humano, y le miró a los ojos mientras Daniel eyaculaba entre oleadas de placer.



viernes, 6 de abril de 2012

La película de Almon y Ashoka!

video

Ya podemos disfrutar de la película más esperada de todos los tiempos...Una película romántica sin precedentes: Almon y Ashoka, una trágica historia de amor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La Rosa de Brennenburg (Amnesia: the dark descent yaoi > Daniel/Alexander) - Lux tenebras





Disclaimer: soft yaoi

Bastante suavecito (mucho más de lo que yo suelo escribir). Creía que sería mucho más largo (en word eran 5 páginas), pero he visto que por aquí en Facebook no queda tan troncho impresionante, osea que se puede leer con facilidad. Quien lo lea ya sabéis, like (si os gusta) y coment :). Muchas gracias por todo.



Aquel día, precisamente, no fue uno de los mejores que Brennenburg pudiese haber apreciado desde hacía tiempo.

Las tormentas del Norte parecían haber oído la llamada de la Sombra, y sus oscuras nubes como el carbón se retorcían encima de las altas torres del antiguo castillo. La abundante fresca lluvia golpeaba firmemente los amplios ventanales, provocando un ruido ensordecedor en el acto, y los relámpagos centelleantes ofrecían un espectáculo macabro. Una y otra vez, los truenos retumbaban como los rugidos de un dragón ancestral, y el eco de la madera crujiendo por el peso de la senectud arquitectónica no parecía querer cesar. Observando el tenebroso espectáculo de luces, sombras y sonidos desde el húmedo cristal de la ventana de mis aposentos, los recuerdos mordían mi consciencia.

El bosque de Brennenburg, que se extendía largos kilómetros bajo mi dominio, era silente. Ni los animales, ni las plantas, ni si quiera la Sombra parecían existir. El mundo se había detenido bajo la violencia de la tormenta, y todos los seres vivientes estaban subyugados a su majestuoso poder.

Estreché los ojos. Tal vez, después de todo, ese aguacero no fuese un fenómeno puramente metereológico.

-Lux Tenebras...

Un pequeño toque en la puerta de mi habitación, suave y casi imperceptible, me sacó rápidamente de mis pensamientos. Di un largo suspiro y giré mi rostro hacia ella, que se fue abriendo lentamente dejando a su paso un chirriante graznido. Lo que apareció detrás con paso lento y acongojado fue como una bella y sutil aparición fantasmagórica, sosteniendo entre sus manos una lámpara de aceite que consideraba, al parecer, su más íntima amiga. Por lo que observé no llevaba mucho rato despierto, seguramente estaba aterrorizado por el viento ululante que se filtraba por los muros del castillo y la oscuridad que nunca iba a abandonar mi hogar . Su curiosa, pequeña, resquebrajada, infantil y sensual figura se recortaba en la penumbra mientras los enormes ojos verdes y llorosos me miraban suplicantes. Siempre pensé que eran demasiado grandes para su afilado rostro, que lo hacían parecer débil...Pero, después de todo, es lo que él era.

El chico asustadizo, tímido, reservado e inocente... Daniel.

Su media melena morena caía irregularmente por sus hombros. Tenía los cabellos alborotados y algunos mechones estaban pegados a sus húmedos labios. Su frágil cuerpo, medio desnudo, resoplaba una y otra vez lleno de angustia y de pesar, dando la sensación de que iba a quebrarse de un momento a otro; las manos temblorosas sacudiendo violentamente la linterna, las piernas muy juntas, el pecho subiendo y bajando cubierto de sudor... La entrepierna curiosamente viva y tan palpitante que desde mi posición podía oír la sangre corriendo alocada por las venas de su duro miembro...

Un desafortunado relámpago, seguido por el trueno ensordecedor, hicieron que Daniel cayese de rodillas con un grito. A grandes zancadas llegué hasta él en el momento justo para agarrarlo con gentileza y seguridad, antes de que su cuerpo se desplomase al suelo. Él cerró los ojos y sollozó, con las mejillas ardiendo por la dulce vergüenza de sus actos y de sus miedos, mientras una de sus finas manos se posó en mi pecho cogiendo un poco de la carmesí tela de mi chaqueta.

-L-Lo siento...

Sonreí. Notaba su aliento jadeante en mi cuello, sus labios peligrosamente cerca de los mios...Inspiré su olor, su extraña fragancia. Olía a rosa de Damasco, a la sequedad del desierto, al rocío lunar, a pureza desteñida, a la inocencia perdida, al miedo y al pavor, a la mortalidad, a Ambrosía. Y era la fragancia más excitante que había olido en ese bastardo mundo.

-¿Han sido las pesadillas, Daniel?

Los pequeños hombros temblaron y negó con la cabeza. Poco a poco se fue tranquilizando bajo mi atenta mirada inquisitiva, hasta que por fin pudo respirar con normalidad y sus dedos ya no se cogían desesperados a mis ropajes. Estaba informado sobre las terribles pesadillas que le acechaban con formas monstruosas, ya que yo era testigo de ellas noche tras noche. La boca menuda gritaba y su cuerpo sudado se retorcía de angustia entre las sábanas de seda, mente frágil rota por las visiones infernales, y después el silencio. Te despertabas, ¿lo recuerdas?, y me mirabas con tus límpidos ojos marcados por las suaves ojeras, rogando una y otra vez para que te lo hiciera...Con una de tus voces desvergonzadas gimiendo mi nombre, queriendo que yo desterrase tus más salvajes pesadillas...

Oh, era débil a tu encanto, Daniel.

-No...las pesadillas no -levantó la cabeza y clavó su mirada en mi cuello, mientras articulaba las palabras con lentitud. Un delicado y largo dedo fue a parar a mi clavícula, demostrando lo ávido de caricias que estaba - la tormenta... he oído crujidos, gritos, el suelo retumbaba...Noto la Sombra cerca. No parece querer abandonarme, es opresora en mi mente y en mi corazón, y me susurra. Me dice que no puedo confiar en ti, me asegura que tú... que tú eres un monstruo.

Acaricié su cabeza y estreché los ojos con cautela. Con mi cuerpo como apoyo, el joven chico se incorporó...pero intencionalmente pasé un brazo rodeando su cintura con firmeza, cogiéndolo como a sutil flor que era y acurrucándolo posesivamente contra mi calidez. A Daniel pareció no importarle demasiado y su dureza chocó contra mi pierna, haciendo que soltase un reducido gemido. Mi largo y sedoso pelo blanco rozó sus mejillas encendidas como dos calderas en ascuas, y mi voz señorial y majestuosa se coló en su interior, llenándolo por completo y prohibiéndole sentir miedo nunca más. Criatura hermosa, las pesadillas no iban a hacer que descansases en paz.

-Y dime, Daniel... - el inglés respingó ante el tono que sensual y acaparador que utilicé con su nombre. - ¿Acaso no es la misma Sombra una traidora?. Te ha perseguido hasta aquí, hasta los confines del mundo sólo para volverte loco. ¿No es ella nuestro enemigo?, oh...Los enemigos rugen con la apariencia de sabias palabras, hasta que te traicionan cuando menos cabe imaginar...

Daniel posó delicadamente una mano en mi pecho, que comenzó a acariciar timidamente. Tomé entre mis manos su fina barbilla con un sonido de aprobación, mis dedos se deslizaban por esa piel tan blanca y sedosa mientras mis labios curvados en una maligna sonrisa estaban a escasos milímetros de los suyos. Sólo tenía que abrir la boca para poder poseerle en un beso asfixiante y mortal.

La tormenta rugía fuera, pero en aquellos momentos no parecía importar. No había frío, ni humedad, ni oscuridad. Simplemente eramos mi pequeño chico y yo, unidos por los secretos de Brennenburg, unidos por la soledad que acechaba nuestras vidas.

-Alexander...yo...confío en ti. Tú me lo has dado todo, eres lo único que tengo. Todo lo demás ha sido borrado por esa Oscuridad que me persigue. Barón, yo...

Los verdes ojos tenían las pupilas dilatadas y observé una pequeña lágrima acumulada en uno de sus lacrimales, ansiosa por ser liberada. Volvió a bajar la cabeza, ya que temía perderse directamente en mis ojos ámbares, todavía creyendo esas viejas historias de la localidad que contaban como un espíritu demoníaco vivía en el Gran castillo para pervertir a los justos e inocentes.

Otro rayo iluminó la habitación, desvelando nuestros cuerpos unidos a la luz de la tormenta. Y yo ya no podía negarlo: desde que Daniel había venido desde Mayfair hasta aquí, en la lejanía de los bosques prusianos del Este, algo había cambiado en mi interior. La primera vez que te vi bajar del carruaje supe que ya nada iba a ser lo mismo. Nuestras conversaciones en los días de frío invierno, tu risa nerviosa, esos miedos constantes, las noches en vela por ti, los paseos en el jardín, los rituales...¿qué era lo que me estaba pasando?, ¿por qué deseaba tanto tenerte, criatura, a mi lado?. Eras débil e ingenuo, pero tu deseo de obedecer cada una de mis palabras era adictiva.

Barón, murmuraste en voz baja.

-Daniel, no digas nada, no lo digas. Sólo muéstrate para mi, demuéstramelo.

Y el chico obedeció. Poco a poco, su arrugada camisa blanca de noche serpenteó por su cuerpo; primero quedaron descubiertos sus hombros redondeados, luego su espalda nervuda y por último con un ruido de tela al caer al suelo, su firme trasero. Mis ojos al observar tal delicioso espectáculo debieron centellear como dos potentes focos en la noche, ya que la piel de Daniel se puso de gallina. Los años de excavaciones habían trabajado su cuerpo, pero a pesar de todo los nervios le consumían y le habían dado un aspecto delgado y algo infantil. Me gustaba pues era como un cervatillo asustado y joven, una presa perfecta para un viejo depredador. Con una sonrisa de pura satisfacción en mi rostro, vi como se mostraba a mi, como se ofrecía con sumisa diligencia; Él era mi Ganímedes, y yo su Zeus.

¿Era yo la primera persona que amabas en silencio, o simplemente nadie en Londres había sido capaz de darte todo lo que yo era capaz de ofrecerte?

¿Por qué me amabas con tan increíble fervor, Daniel?

¿No te estabas dando cuenta del engaño, de la utilización?, ¿o tal vez yo, después de todo, tenía esos mismos sentimientos humanos hacia ti?

Me hice todas esas preguntas que nunca supe responder mientras mis dientes se clavaban en tu dulce cuello. Que bien sabía, la mezcla entre lo dulce y salado, entre la amargura y el placer. Pasé mi ávida lengua por todo el ángulo, dejando un rastro de saliva que se escurría fresca. En mis labios estaban tu aorta y yugular, y al rozar con mi lengua latían con la fuerza y la rapidez de miles de caballos desbocados. La tentación de clavar los afilados caninos en tu garganta era demasiado grande, de que la sangre con sabor a hierro empapase mis sentidos, marcarte como mio para siempre mientras tú te debatías entre la vida y la muerte rogando...Deseando. No pude retener más los impulsos de mis manos y corrieron hacia tus muslos acariciándolos con lujuria, manoseándolos con alevosía. Todo tu cuerpo era muy suave, pero sorprendentemente tus nalgas eran sedosas como los capullos de una flor, que después se abriría lentamente para ofrecerme tu rosa virginal.

-Alex..Alexander...no me dejes solo en esta oscuridad, por favor, necesito tenerte a mi lado -su voz sonaba exageradamente aguda, y acercó su nariz para aspirar el olor almizclado de mi pañuelo. Eso hizo que mi marchito corazón diese un pequeño vuelco, ese niño no tenía ni la menor idea del poder de atracción que ejercía sobre mi. Tan grande y terrible como las profundidades marinas, como las mareas en tormenta, como los astros friccionando unos con otros en los rincones infinitos del Universo – sin tu olor no puedo concentrarme. Me gusta tanto aspirarlo mientras duermo...Y notar tus fuertes manos en mi cuerpo. Por favor, no dejes que la tormenta me lleve, haz que mi mente sea tuya, por esta noche.

No necesité más ruegos, ni más súplicas, ni más plegarias. En mi larga y exhausta estancia en ese horrible mundo, no solía atender a razones. Era frío, calculador, no accedía con facilidad a los designios de otros, ni si quiera en la Orden del Águila Negra. Todos me temían y respetaban, como Barón y como conocedor de muchos secretos antiguos. Y él, un joven arqueólogo de Mayfair estaba a punto de hacerme desmoronar...

-Abre la boca, Daniel...

Y cuando lo hizo, dejando a mi paso una lengua gruesa, húmeda y rosada, me abalancé sobre él como un lobo hambriento. Oh, y que beso más estrecho y lujurioso, nuestras bocas mojadas y calientes una junto a la otra, palabras sin sonidos. Lo atraje más hacia mi, su piel blanca como la luna contrastaba con la mia, ligeramente oscura... Atrapé los dedos en su cuero cabelludo, firmemente en jugueteaban con el sedoso pelo negro y bebí del néctar que me ofrecía. Provoqué un ruido gutural de placer que subió desde la garganta hasta los labios, y Daniel juntó su lengua más a la mía y la movió con ligereza. Le estaba enseñando bien, rápido como para un chico inocente y que no había catado en sus veinticinco años de vida el pecaminoso placer de las artes amatorias... jadeé. Manos en sus nalgas perfectas, dedos hurgando en la estrecha entrada, extensiones de carne restregándose contra la tela aterciopelada, precum propio y ajeno en mis pantalones, un bulto a punto de reventar entre mis piernas.

La noche nos arropó. Los aullidos, gemidos y agridulces palabras desfilaron por mis aposentos hasta el amanecer, y cuando desperté de un profundo sueño, él tenía los ojos cerrados y su rostro descansaba con auténtica paz y tranquilidad. Me erguí, no me avergoncé de mi propia desnudez a pesar del cansado cuerpo humano que debí soportar a lo largo de cientos de años. Pasé mi mano por la frente de Daniel y estaba caliente, por fin después de tanto tiempo las pesadillas habían dado tregua a su delicada salud mental. Me fui levantando y miré por la ventana: ya no llovía, pero el rocío de la noche anterior se había agolpado en las ventanas con forma de hermosas gotas. Cogí mis ropajes y me vestí lo más silenciosamente que pude, temiendo despertar el mágico sueño. Cuando coloqué mis pies en las botas negras, salí de la habitación cerrando la puerta con cautela, intentando que los recuerdos quedasen herméticamente cerrados. No podía quedarme más tiempo, había mucho trabajo pendiente que hacer.

Daniel...si aún pudieses oír mi voz y comprenderme... si las situaciones hubiesen sido otras, habrías venido conmigo a casa. Pero aunque iluminaste con tu luz el oscuro castillo de Brennenburg, y aunque llegaron a ser verdaderos mis sentimientos hacia ti...debía volver a mi mundo...

...con ella.

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Si tenéis alguna pregunta sobre la trama (qué es la Sombra, porque Alexander es tan sex...ah no, eso no), me la formuláis. Tendría que haber empezado por explicar un poco la historia, pero ya sabéis como son los fanfictions, lo dan todo por supuesto.

Y por último: Tengo un par de ideas para mi próximo fanfiction, y como no me aclaro demasiado, vamos a hacer una pequeña encuesta sobre las ideas que tenga, y la que salga ganadora es de lo que escribiré, ok? (aunque los temas no os interesen lo más mínimo, elegid el que os haga más gracia/más asco)
1)Orgía
2)Violación
3)Sadomasoquismo
4)Necrofilia (no incluirá cadáveres podridos, lo siento hasta tanto no llego jajajaja)
5)Tortura
6)Sexo con sustancias estupefacientes (en este caso, Daniel drogado por el láudano)
7)Algo romántico y fluffy

lunes, 20 de febrero de 2012

La Rosa de Brennenburg (Parte Random). Daniel/Alexander ~ Amnesia: The Dark Descent.

Disclaimer: Yaoi (relación hombre/hombre), sexo explícito, tortura, spoilers. Si alguien tiene preguntas sobre la trama/personajes/o alguien necesita que haga un prefacio, que me lo comunique y encantada responderé :). Espero que sobretodo os guste y cometad,  muchas gracias!!

Imágenes sacadas de Deviantart. Primera imagen: ~ peppermintjam Segunda imagen: ~RL-3


Cuanto más intensos eran los rituales...

...En más intensos se convertían mis sentimientos hacia Alexander.

Estaba a su más absoluta y pura merced. Él me observaba con curiosidad, sus ojos glaucos y entrecerrados en la penumbra... Asustándome, vigilándome, acariciándome con un fervor tan sucio que provocaba unos temblores en mi cuerpo imposibles de controlar.

No podía articular palabra, ni si quiera pensar con claridad. Más allá de la amplia y cómoda cama en la que me tenía retenido, las sombras se extendían peligrosamente por toda la habitación, provocando pequeños ataques de pánico en mi ya atormentada mente.

-Daniel...

Su voz...

Por esa voz viví y morí, me entregé por completo a su tenebrosa presencia, me convertí en un torturador, en un asesino. Por su voz maté a cientos de hombres, mujeres, niños... Les hice daño, les hice mucho daño...Todo por poder estar a su lado.

Gemí con fuerza. Estaba a pocos metros de mi cuerpo, las uñas de una de sus manos varoniles clavándose despiadadas en mi miembro que estaba tan duro como nunca antes lo recordaba, y los dedos de su mano restante abriéndose paso determinantes por mi pequeño y estrecho santuario, profanado desde hacía ya tiempo por ese ser horrible al que amaba, deseaba y obedecía ciegamente.

Las largas uñas lastimaron con más fuerza en el tronco de mi palpitante polla, provocandome delirios de dolor y placer que me hacían extasiar. Mi rostro se rompía por las lágrimas que discurrían en mis mejillas, mi cuerpo estaba magullado y fortalecido práctica de esos aborrecedores rituales a los cuales me obligaba a asistir. Mi culo... Era suyo. Mi alma era suya.

Sólo podía llamarle, gritar su nombre agudamente para que acudiese a mi y desterrase mis más profundas pesadillas. Yo sólo era un joven ingenuo y asustado, quería dejar todo mi pasado y presente atrás sólo para notar sus cabellos blancos y largos rozando mi rostro mientras me la metía con todas sus fuerzas y, que su lengua fría e impasible, lamiese mi blanco cuello...

Apretó el tronco de mi excitada polla, y ese simple gesto provocó un pequeño chorro de precum que resbaló por sus finos dedos.

-Daniel... No sigas asustándote... Todo irá bien, ya verás, sólo necesito tu ayuda para los rituales. Una pequeña ayuda a cambio de todo lo que puedo ofrecerte, ¿no es maravillosa esta simbiosis?. Tú desterrarás a la Sombra, y por fin podremos estar juntos, para siempre...

Gran Mentiroso... 

Ahora su manos ya no estaban en mi interior. Mi visión era de cada vez más borrosa, la habitación iba y venía... Los límites de mi cordura estaban peligrosa y suciamente borrosos. Estaba drogado, me había drogado... Ya que lo que más le excitaba era ver como sus presas no podían luchar, como se sometían a su voluntad como si fuesen auténticos títeres. Y yo era, tal vez, perfecto para sus juegos: Ingenuo, dulce y joven.

Oh Alexander... ¿No sabías que aún sin drogarme me entregaba a ti cada noche con sumisión y placer?. Me tumbaba sobre mi estómago, levantaba mis caderas dejando mi suave culo al aire para que tú respondieses dándole una bofetada a mis prietas nalgas...

Acariciabas mi delicado y desnudo cuerpo con sus fuertes y adustas manos, una y otra vez, parándote a toquetear mis pezones sonrosados para pellizarlos y continuar hacia abajo, hasta mi polla, masturbándome salvajemente para volver hasta mi pecho, mi cuello... Estrangulandome lentamente, observando como mi vida se escapaba en tus manos. Y reías, reías con fuerza, bromeando sobre mi apariencia débil y mi patética condición. Sabía que no era más que tu puta, y eso parecía gustarte demasiado. Tus manos, blancas como la nieve, firmes como la piedra y fuertes como tu morbosa mente, hacían que eyaculase copiosamente hasta caer inconsciente...

Y así lo hice. Intenté luchar contra mi propio cuerpo, contra las olas de placer violentas... Pero bajo la vigilante mirada de Alexander y su calor, su miembro enorme entrando y saliendo violando mis últimos vestigios de inocencia mientras me hablaba y me fundía en un profundo hipnotismo sexual...

Yo, Daniel de Mayfair, no pude.

-Alexander... Te amo.

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Encontré sus más íntimos pensamientos desparramados en forma de cartas por sus lujosos escritorios de madera de caoba a lo largo de Brennenburg. Sabía que con el solo hecho de estar en ese sitio, mi vida corría un peligro tan real que podía notarlo en la punta de mis dedos y en el vello erizado de mi cuerpo... Pero la curiosidad era todavía fuerte en mi juventud, un sentimiento que movía mi mundo. Y yo, a pesar de mis miedos y traumas constantes, no podía obviar la sensación de querer saber aquello que no debía ser descubierto.

Ojalá nunca hubiese desvelado los secretos que el barón de Brennenburg escondía.

*******************************************************************************Siempre supe que él no me amaba, sobretodo cuando escudriñé sus memorias... Él la amaba a ella, no a mi, no a mi...

El pobre desgraciado campesino de haraposos ropajes nos miraba con un terror diluyéndose en sus pupilas, tan asustado que se había auto mutilado para intentar escapar de la pequeña, sucia y oscura celda al que lo habíamos encerrado durante meses. Ahora nos observaba con las órbitas de los ojos completamente abiertas, mientras profería sonidos enmudecidos por la mordaza de metal que tenía en su boca, que le cortaba poco a poco las cuerdas vocales si intentaba pedir auxilio.

Temblaba. Podía sentir el miedo que destilaba su cuerpo, carne fresca a punto de estallar, llena de adrenalina que corría por sus venas. A veces, cuando cerraba los ojos intentando dormir, me venían a la cabeza sin cesar todas las tormentosas imágenes de mis fechorías junto al barón... La carne desgarrada, la sangre desparramada por las paredes, mi cuerpo desnudo bañado en sustancia carmesí y tripas, Alexander cogiéndome por la cintura y tomándome allí mismo mientras yo lloraba de miedo y placer saboreando los amargos placeres de la tortura. Alguna vez despertaba de ese control mental y sabía que era un pérfido monstruo, que debía matarlo en cuanto tuviese ocasión, que esa pobre gente era inocente y no peligrosos criminales como me había hecho creer, ¡todo el castillo era una matanza!.

Pero él venía, mi Maestro, y me susurraba al oído, tentándome sutilmente. Como estaba haciendo en ese mismo momento.

-Daniel... Este hombre es una bestia – su tono de barítono susurrante en mi oído me perdía, y hacía que mi mente ecuánime se acongojase para dejar paso al Daniel irracional y enfermo sexual. Probé a moverme bajo su abrazo asfixiante, lo tenía detrás de mi peligrosamente cerca, el aliento a vino que moría por probar, su voz cálida y masculina en mi cerebro, excitándome de placer...

Abandonó a la mujer que le amó, sola, preñada.

Su mano, más fría que los mismos bosques Prusianos, comenzó a acariciar mi rostro y mis largos cabellos oscuros con firme delicadeza. Entonces su otra mano correteó juguetona hasta mi entrepierna, que hasta ese momento yo no me había dando cuenta de lo excitado que estaba, del criminal tan impetuoso que había en mi interior. Eché la cabeza hacia atrás, y los ojos de Alexander, literalmente, brillaron en la oscuridad con un tono amarillento que no eran de este mundo.

Desabrochó los botones de mi pantalón, haciendo una expedición incursiva bajo mis pocos y escolares ropajes. Sus labios finos y algo arrugados habían pasado de mi oreja a mi cuello que lamía, besaba y mordía para reafirmar aquello que era suyo y que nunca iba a dejar de serlo. Me acerqué más a él, echando mi culo hacia atrás para notar la polla enorme del barón en mi prieta entrada que tan codiciada era. Gemí de forma afeminada, quería correrme allí mismo.


-Puedo notar tu excitación por el hecho de pensar en hacerle daño... Observa como nos mira, con la misma lujuria con la que traicionó a su mujer. Una persona así sólo merece la más dolora de las muertes, para que en el Infierno de la otra vida aprenda a no traicionar a los suyos.


-Ah...Alexander...

-Hazlo Daniel, sé un buen chico, compláceme.

Como un animal al que han sometido a base del dolor, obedecí sin rechistar, deshaciéndome delicadamente del poderoso abrazo de mi Maestro. Todavía con el miembro erecto y medio cubierto, me acerqué como un pelele a una roñosa mesa que había cerca, donde varios instrumentos de tortura estaban dispuestos ordenadamente de menor a mayor suplicio. Observé los que había...¿la Zarpa de Gato?, no...Demasiado dolor, no quería verle agonizar, quería verle morir. ¿La Pera?, tal vez, pero su lengua y sus cuerdas vocales estaban parcialmente destrozadas, antes moriría de dolorosa y placentera tortura... Y yo estaba impaciente por ver sangre salpicando mi rostro.

-Daniel, ¿qué tal esto? - Alexander me alcanzó un martillo de tamaño mediano. Estaba oxidado y tenía todavía algunas manchas de sangre – Es justo lo que ese bastardo merece. Un pequeño y humilde instrumento para un gran pecado. Rómpele todos los huesos, hazle sufrir como hizo sufrir a su mujer...

Asistí con la cabeza y el maduro hombre de cabellos blancos y sonrisa perniciosa me acarició la cabeza, como si de su mascota se tratase.

Hazlo.

Y esa vez oí su mandato dentro de mi cabeza, a punto de estallar.

El hombre, que había estado sangrando mucho a causa del metal en su quijada, ahora gritaba de pánico y mientras lo hacía, las cuchillas se iban clavando más y más en su carne desgarrada, un dolor anticipado por los asquerosos ruidos de la carne cortándose en mil pedazos. Mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad de la celda, y mi piel al frío húmedo constante del castillo... Pero aquellos prisioneros sufrían cada minuto de su existencia en las frías losas ensangrentadas, ya nada podía tener sentido para ellos. Ni aún para mi. Era mejor terminar con el sufrimiento; Así algún día Alexander me daría todo lo prometido. Era mi única razón de supervivencia. Mi corazón marchito volvería a latir, y las rosas de Brennenburg nunca morirían. 

El campesino gemía.
Yo alcé el martillo.
Él agachó la cabeza, temblando como un animalillo asustado.
El primer golpe, directo a su rostro que se desencajó con un ruido sordo y retumbante.
Lloró de dolor, suplicó, pidió disculpas a Dios.
El segundo golpe, ahora el cráneo se había hundido en una masa gelatinosa.
Un gorgoteo, escupió sangre por todos los poros de su cuerpo.
El tercer golpe, machacaba sus duros huesos, la sangre empezó a salpicar mi rostro y mi torso.
Él ya no profería sonido alguno, estaba muerto, pero no había vuelta atrás para mi. El ruido de los huesos siendo triturados. Fluido carmesí en mis manos y en mi pelo, lágrimas en mis ojos. Estaba gritando, golpeaba tan fuerte con el martillo que mis nudillos se pusieron blancos.
Lo que había debajo de mi no ya no era nada parecido a un ser humano.


¿Por qué..?

¿Por qué amas a otra mujer...?

¿POR QUÉ?

ÁMAME A MI...ÁMAME POR FAVOR...

-Daniel...

No podía oír la voz del barón detrás mio. Estaba obnubilado por mi propia matanza, por mis pensamientos impuros, por el llanto y la risa mezcladas, por la locura de mi mente, por las ansias de sangre. La amaba, la amaba, la amaba... Estaba desesperado. No podía parar de golpear al pobre hombre sanguinolento, a la carne pútrida como mi propia alma. 

-¡Daniel!

-¡Amaste a otra mujer, maldito bastardo, maldito cerdo!

La firmeza de una mano autoritaria paró mi brazo alzado, desestabilizando mi cuerpo. Sólo entonces desperté del frenesí, observando la gran obra de arte que había creado. Solté el martillo, que cayó pesadamente al suelo, haciendo eco por más allá de los rincones inobservables...

-Daniel...sht...está bien, está bien...Lo has hecho magnífico, ha sido maravilloso -susurró Alexander con absoluta indiferencia en su voz, como quien observa inmutable una pared lisa. Con un movimiento obligó a que me girase hacia él para acabar perdiéndome en su sonrisa sádica y en sus ojos entrecerrados. El pelo lacio y blanco le enmarcaba la regia cara, que tenía unas pequeñas gotitas de sangre desperdigadas en sus labios y en su arrugada mejilla. Pasó su brazo por mi estrecha cintura, agarrándome posesivamente. - Eres un buen pupilo, vas aprendiendo sin demora y con diligencia. Si sigues así, la misma Sombra que te persigue sentirá miedo de ti. Somos más poderosos que ella, más inteligentes... Simplemente debes hacer lo que yo te diga, siempre. Daniel, ¿qué deseas?, pídeme lo que quieras...

-Bailar... deseo bailar contigo, Alexander, mi Maestro, mi Amor. Bailar hasta el amanecer, bailar hasta que mis pies no puedan sostener mi peso. Bailar...

Y como si de un solo ser fuésemos, el Barón de Brennenburg y Daniel de Mayfair bailaron juntos un vals, marcado por los aullidos, la agonía y la dulce melodía tarareada por los truenos que hacían crujir los pilares de Brennenburg.  





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Observaciones: Parece que me gusta que Alexander le gaste el nombre a Daniel, pero no, en el juego no para de repetir su nombre constantemente y si me apuráis me da que es un método para comerle la cabeza al pobre chaval. También veréis que la voz de Alexander está en cursiva, en todos los fanfictions es así. No es de este mundo, y por lo tanto quería darle ese toque de cursiva a sus diálogos ya que cuando habla lo hace de una forma retumbante y medio telepática.